viernes, 12 de diciembre de 2008

La vida de Don Juan



María José Gancedo Baranda


Una insaciable, constante búsqueda de reconocimiento por parte de la madre; esa es la vida de un Don Juan: un maratón, una carrera contra el tiempo en pos del objeto deseado; para, una vez poseído, desecharlo, colocarse la medalla en un lugar visible y muy ufano alardear ante otros machos de sus escarceos. Quizás el mayor gozo se lo provoque el recordatorio del rito, el relatar los entresijos más íntimos de sus buenas dotes como amante y que él se regocija de la provocación entre sus congéneres; ese regustillo a “ahora que sabéis lo seductor que soy..., podría ir un poco más allá e incluso poder guiaros a un estado al que yo solo accedo y conozco”. Y es que, en el fondo, probablemente no sea más que un pequeño niño malherido, con carencias emocionales, no amamantado el tiempo suficiente, o escaso a la hora de haber recibido los cuidados y atenciones que de pequeño requería.

Aspira a ser importante y se queda en el intento; utiliza para ello, además de la labia, la fuerza primigenia, la dinamizadora de vida; la energía del sexo, de la cual procedemos, la más potente, la de dar vida, equiparable en poder a la muerte. Tal vez sienta que no merece vivir y es por eso que cuando seduce —o mejor dicho juega al arte de seducir— se acerca al vértigo del abismo y desde ahí recorre las fantasías de volver a introducirse en el único lugar seguro que conoció; anhela penetrar el cuerpo donante de vida y..., al hacerse imposible el milagro, se va al otro extremo, al frío enquistado tras la falsa calidez de la vanidad. Desde ahí: acosa a su presa.

De la búsqueda de su supremo poder, el falo —del cual, por supuesto, también duda—, le persigue la irrefrenable vehemencia de sentirse importante frente al sueño añorado de la amada. Amada a la cual, casi seguro, no ama; ya que desconoce lo que es amar, pues amar en su vocabulario significa abandono, dolor y vulnerabilidad. El hecho de conquistar no le involucra en el compromiso de amar, y antes de que se descubra su miedo a ser amado, huye despavorido a la caza de una nueva pieza, con quien poder demostrarse que es capaz de ser importante, atractivo e interesante para alguien. Cuando él consiga sus propósitos, mostrar sus credenciales al Imperio Falocrático y salir indemne de sus engaños, le dirá: “si te he visto, ni me acuerdo, y como mi corazón está duro..., pues... esa ventaja que tengo, ya que no me duele que te pueda afectar el desamor posterior al gozo de sentir que eres mía ni que estés a mi disposición entregada al hombre más maravilloso del mundo, con el que cualquier mujer soñaría”...

Al no saber amar, se aísla, se independiza de su parte divina y aflora el traidor más grande: el ego, el que le empuja a saltar al precipicio, donde se refugia bajo unas reglas de apegos, dependencias y cambalaches; las mismas que regirán su vida a partir de ver los resultados ante el éxito estrepitosamente fracasado de un amor confundido por éxtasis momentáneo, que en ocasiones no pasa de una mera canción gastada de embelesar con palabras; palabras que suenan a chufla y a pringue de merengue.

Su vida se acoge al único sentido que conoce, por ser él mismo de su persona, un completo desconocido. Esa dirección de vida basado en la conquista se convierte en lucha, en donde no puede más que ganar, ya que lo contrario revelaría su frustración de no haberse sentido amado, ni único, ni especial de verdad para la mujer más importante de su vida, la que le mantuvo al calor durante 9 meses y más tarde se olvidó de él, porque era pecado el poderla poseer. Y es por eso que Don Juan prefiere no traicionar el amor a Dios, ni el amor profesado a la madre que le parió y..., agazapado, lleva a cuestas toda una venganza de años edípicos. Trata de poseer por otros medios lo que siempre le fue inalcanzable, el amor de la madre. Ajena ella a sus caprichos, le engalana con palabras y virtudes que ni él mismo se cree y al final termina, de tan manipulado..., castrado, y al saberse castrado y para que los demás no se aperciban de su limitación..., pues... castra él de antemano.

Don Juan, estafador de emociones, vendedor de sentimientos, mentiroso sin vergüenza, embaucador como pocos, traficante de las necesidades humanas; recluta un arsenal de tácticas sensoriales para atrapar entre sus redes a la víctima propiciatoria, necesitada de halagos e insegura, tan insegura como su verdugo.

7 comentarios:

XoseAntón dijo...

Muy buena exposición sicológica del "conquistador". Lo cierto es que respecto a ese tema, nunca he tenido las ideas muy claras. Ni me encuentro cómodo en la idea de un amor único y, tampoco, comprendo la obsesión de amarlas a todas. Desde el momento que las conquistas se convierten en trofeos, es fácil reconocer el problema; pero cuando no se trata de conquistas, sino de una fuente de placer mútuo y en igualdad de condiciones, me resulta más difícil situarme. Es innegable que a una gran mayoría de hombres nos las mujeres, podemos negarlo, fingir o escondernos y convertinos en animales depredadores; pero también podemos enfrentarnos a la realidad y preguntarnos: ¿qué tiene de malo que nos gusten las mujeres? La cuestión es no engañar, manipular o pretender llevar una doble vida; "santos" por un lado, y "mujeriegos" por otra. Defender lo que somos o deseamos, sin agredir y hacer daño a los demás, aceptando que otros y otras piensan de forma distinta; no debiera de ser un motivo de censura.

Un buen trabajo

Saludos cordiales

meg dijo...

CARAY!!
me encata la manera de ver la exposición .sinceramente el amor es amor pero no para siempre,vamos creo que los sentimientos van y vienen ,los embaucadores saben bien que el amor es un viento calido que se torna caliente cuando vé otra cosa mas sensual .(la llamo cosa),porque se supone que hablo de una mujer pero viceversa,porque el amor entre hombres tambien es igual
bueno me encanta ,sabver que aun hoy dia se cree en el amor

yo por si acaso nunca cierro puertas porque se lo que no quiero de un amor,mientras la mayoria de don juanes saben lo que quieren la mayoria de ineses sabemos lo que no queremos
aysssssss me enrollo como una persiana,..
salut para Enamorarse,Y NADA MÁS
saludos
meggan

Brisa67 dijo...

Curioso punto de vista, he debatido este tema en múltitud de ocasiones, pero no me había planteado esta teoría.
Muchas gracias por visitar mi blog y añadirme. Me siento muy halagada de que me hayas escogido. Amo los libros, la lectura, escribir y todo lo que tenga relacción con la palabra y la expresión.

Un saludo

Carmen

pichiri dijo...

En mi ya larga vida, a las mujeres que han llegado a mi, de cuyo numero ya perdí la cuenta, las he querido y a ellas me he entragado en cuerpo y alma. He sido su paladin, su protector y su amigo mientras ha durado nuestro ensueño. A ninguna he engañado, ni presionado y lo que de ellas recibí fué por su voluntad y creo que todas guardan de mí un bonito recuerdo. Nunca he hecho el amor sin estar entregado totalmente, sintiendome orgulloso de mi pareja aunque haya sido consciente de la eventualidad por razones del uno o del otro y si en alguna ocasión he presumido de mis logros, siempre respetando el anonimato de mis seducidas seductoras, lo he hecho porque considero que el amor de una mujer es el culmen de las aspiraciones que pueda tener un hombre.

Carmen Andújar dijo...

Una versión muy interesante de la vida de Don Juan. Supongo que la pose que tiene es debido a un gran complejo de inferioridad, que lo suple con su conquista de mujeres.

Un saludo

Juan Manuel Rodríguez de Sousa dijo...

Leí este cuento cuando salió y todavía me acuerdo de él. Cómo ha dicho Xoseantón, la exposición sicológica es muy buena, para mí, genial y forma parte del texto en sí.

Es un buenísimo texto, no merece el olvido, desde luego.

Saludos,
Juanma

mira, como palabra de verificación me ha salido "finspee" algo así como final rápido. Más o menos lo que desean los donjuanes, Xd.

Por cierto que me llamo juanma y esto de "don juan" siempre me ha sentado un poco regular, pero bueno, cada nombre tiene su historia...xDD

pichiri dijo...

En mi anterior intervención quise romper una lanza en favor de D. Juan, al tratar de demostrar que la promiscuidad, según como y por qué, puede no ser detestable. Volviendo al fondo sicologico del personaje, parece ser, según he leido, que la mayor parte del éxito de D. Juan con las mujeres se debe a que supuestamente es un personaje afeminado y eso parece que, según Marañón, atrae a la mayoria de las damas. Una mujer seducida por promesas, es una mujer interesada, aunque esto no justifique al canalla que utiliza estos recursos para conseguir sus fines. El amor no se dá por lo que se pueda recibir a cambio. No hay prueba mas evidente de amor que aquel que se siente sin saber el por qué, aquel que se dá sin atenerse a las consecuencias. Hubo una mujer que en cierta ocasión me dijo: "No sé que me pasa contigo, tengo cantidad de admiradores apuestos y bien situados que me asedian y ni les hago caso, y tú bajito y del montón me dices el jueves a tal hora en tal sitio y allí estoy yo como un clavo. No lo comprendo".
Esto explica lo que mas o menos quiero decir, aunque pueda ser discutible.
Lo que no admito y además me repugna del D. Juan es que se burle de la mujer , que la amancille, que la desmerezca. Por esto, yo añadiria a la opinión de Marañón que además de seudomarica es un vil canalla, que de haber existido hubiese acabado sus días mucho antes si por un milagro en el tiempo, yo hubiese estado presente en alguna de sus insidiosas tertulias.