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sábado, 3 de diciembre de 2011

Víctor Fragoso es finalista del Certamen de Microrrelatos Abogados de noviembre 2011

Porca miseria


Víctor Fragoso


Relato seleccionado Certamen Microrrelatos de Abogados noviembre 2011



La venganza, de ser, siempre táctil. Agarrar al viejo profesor de administrativo por el cuello y hacerle tragar su cartel de hueso suspenso tras suspenso. Tengo cuarenta años, curso segundo de carrera, muchas resacas y más de una noche en blanco. ¡Insostenible! La sentencia llegará en forma de corbata muy apretada al cuello. No hago más que darle vueltas. Al plan, no a la corbata, por supuesto. Cada día disfruto organizándolo, siguiendo su itinerario por los pasillos, tomando nota de hábitos y horarios. Hoy lo hago. No puedo más. Su becario empezó derecho conmigo y saludó con cachondeo. ¡Imbécil! Voy a disfrutar más que una explotación de gorrinos en el fango, revolcándome en el placer que muchos desean. Pero seré yo, solamente yo quien lo haga. Generaciones de perdedores redimidos en un solo acto. Me acerco. Ya le tengo. Se vuelve. -¿Desea algo?- pregunta-. -¿La revisión de examen?-fracaso de nuevo-.




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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Víctor Fragoso es finalista del Certamen de Microrrelatos Abogados de septiembre 2011


Justicia popular

Víctor Fragoso

Relato seleccionado Certamen Microrrelatos de Abogados septiembre




-¿Se ha tragado alguna vez una bombilla? -¿Ha sufrido catarro por dormir desnudo? -¿Ha paseado en ocasiones descalzo por la calle con los zapatos atados al cuello? El reo no daba crédito al interrogatorio. La reforma en el juzgado había hecho estragos de manera que albañiles hacían de letrados, electricistas de fiscales y el jefe de obra pedía los dni a los testigos como quien vocea boletos y premios en una tómbola. La jurisdicción penal no era una excepción y todo acontecía según los designios de aquellos disparatados personajes. -Tengo derecho a un juicio justo-clamó el pobre preso-. -Jamás- refutó en la lejanía un peón que hacía las veces de alguacil-. Se levantó un gran alboroto, la mujer de la limpieza golpeó la mesa con su bocadillo exigiendo orden en la sala y el grupo de viejos que acudían diariamente a ver las obras aplaudió tal muestra de firmeza.



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