Mostrando entradas con la etiqueta Certamen Benalmádena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Certamen Benalmádena. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de diciembre de 2005

La belleza incompleta de la luna

Mercedes Martín Alfaya (3º Premio Benalmádena 2005)
Laura fue una niña vivaracha y dulce a la que su abuela enseñó a no pronunciar la "u" cuando llamaba a Miguel y a no comerse las letras cuando gritaba que la luz del baño estaba "fundía".
A su padre le gustaba presumir de hija cuando, a los dos añitos era capaz de distinguir los números que identificaban los autobuses del barrio. Por eso, los domingos por la mañana, en la parada más próxima al kiosco de periódicos, el hombre fingía no identificar el número del transporte para que su retoño se luciera, Papá qué autobús tenemos que coger, El cinco, pero aún es pronto para que venga, Pues ese es el tres, ya falta poco. La gente no podía evitar volver la cabeza ante semejante desparpajo y, Manuel, más ancho que largo, les dirigía una mirada indiferente asumiendo su privilegio, Qué años tiene la cría, Acaba de cumplir dos, pero habla desde los dieciocho meses. Claro que, esa no era la cuestión muchos niños parlotean con esa edad pero pocos se saben la numeración hasta el diez. Sin embargo, lo que peor llevaba el padre era esa especie de lógica innata que fluía de una mente tan diminuta haciendo de cada pregunta una cuestión existencial, Papá si el autobús vale duros y nosotros pagamos el billete, ya mismo es nuestro ¿no?, No, cariño, eso no es así, Por qué no, Porque el autobús no se vende, Entonces de quién es... [...]
Sigue leyendo en:

martes, 30 de diciembre de 2003

Magia de Mujer

Lola Buendía López
(Relato Ganador Certamen Benalmádena 2003)
Edune estaba en el escenario del salón de actos del colegio de primaria formando parte de la coreografía que la profesora de baile había preparado con motivo de la fiesta de Navidad; y yo me sentía llena de ternura y emoción, a la vez que afloraban mil pensamientos y recuerdos de lo que había sido mi vida estos dos últimos años. Una sensación de orgullo invadió lo más profundo de mi ser, corroborando y dando sentido a la decisión, obstinación y lucha, que había mantenido, sin dar motivos al desaliento, desde que me propuse adoptar a esta niña. Por el salón de actos las miradas iban y venían haciéndose cómplices de las mías, y los murmullos me sonaban al rumor de las mareas, cuando, juguetonamente, me dejo mojar por ellas. [...]
Puedes seguir leyendo el relato en: