lunes, 11 de enero de 2010

El Diletante. A voz en grito

La imposibilidad de escribir

La imposibilidad de escribir, de verter en papel blanco negras frases nuevas, capaces de transmitir un descubrimiento; de explicar un punto de vista radicalmente diferente a todo lo conocido; un complejo sentimiento, no estudiado hasta ahora; de narrar un maravilloso relato que quedara grabado eternamente en el subconsciente de la humanidad. Porque si no es para eso, no merece la pena escribir.
Legión de hombres y mujeres eyaculan o vomitan, diariamente, miles de palabras con el único afán de llenar su bolsa, de buscar notoriedad y gloria, o de ambas cosas; sólo un puñado lucha a muerte contra la imposibilidad de escribir y muy pocos de ellos salen victoriosos del combate.
Poetas sin inspiración, novelistas repitiendo una y mil veces las mismas historias, ensayistas irresponsables de neuronas resbaladizas destruyen la belleza del lenguaje como si de políticos, periodistas o internautas se tratase, que con su negligencia e ignorancia pisotean sin miramientos nuestro espléndido idioma.
Llevo años observando un abeto y todavía no me lo sé. ¿Cómo podré escribir sobre algo que desconozco? Únicamente el gran poeta aprehende el abeto en un acto de creación extrema. Y si debemos referirnos al ser humano, el asunto se complica algo más que con el árbol. Sería necesario crear nuevas palabras para designar conceptos originales creados por mentes lucidas. Sería necesario remontar el vuelo hasta convertirlo en una evolución de largo alcance; oh, pájaros de alas cortas.
Mientras tanto; continúe el espectáculo circense.

El Diletante


2 comentarios:

MAR SOLANA dijo...

Una reflexión muy lúcida, Diletante.

Estoy totalmente de acuerdo, nos faltan neologismos y buenas plumas que sepan cincelarlos sobre el papel...

Un saludo nevado

microtus montanus dijo...

La música de la imposibilidad de escribir suena a muerte pequeña, a despedida. Si fuera así me quedarían dos cuestiones: una, dar las gracias al Diletante por su trabajo y buen hacer, y dos entonar el mea culpa por nuestros escasos y deslucidos comentarios. Espero equivocarme.