martes, 3 de febrero de 2009

¿Dónde vive Dios?




¿Dónde vive Dios?

María José Gancedo


Me preguntas por Dios, y sólo te puedo contar lo que sé: a lo largo de la historia, hemos ido creando ídolos; en un principio se adoró al sol, se forjó sobre él la creencia de ser dador de vida y mantenedor de las cosechas; siendo, tan solo una pequeña estrella de nuestra galaxia. Más tarde, con la evolución del ser humano se creó un nuevo Dios, se le llamó dinero; y este Dios dinero se apoderó de los corazones de los hombres, de sus mentes, de sus cuerpos, de sus acciones, de sus vidas..., hasta llegar a este momento sagrado en el cual el Señor más poderoso de la Tierra: "Don Dinero", venerado, temido, reverenciado como nunca antes, se cae del trono en el que se encaramó de mano de seres ambiciosos e interesados en manipular al resto de la población, generando pánico ante crisis inexistentes, aprovechándose de la ignorancia, del desconocimiento de dónde reside el verdadero Dios. Ahora, sé que Dios habita en nuestros cuerpo.

6 comentarios:

Jesús dijo...

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.
I. Co. 3, 16-17

Carmen Andújar dijo...

Es cierto que mucha gente confunde Dios con el poder, y en este caso con el dinero; pero como este Dios nos puede abandonar de un momento a otro no lo podemos asimilar; por eso es mejor confiar en el Dios verdadero, ya que éste nunca nos abandona.
Un saludo

jesus dijo...

Hay un premio para el Desván en nuetro blog. Podéis pasar a recogerlo.
Un abrazo.

XoseAntón dijo...

Dios, Su Santidad Don Dinero. Los dios también caducan, o eso espero.

Como herramienta, bien usada, podría ser una de las mejores; pero como "Dios", tal cual lo hemos subido al altar, es como los demás: no hace milagros.

Un buen relato y una mejor llamada de atención.

Saludos

Juan Manuel Rodríguez de Sousa dijo...

Cuánta razón, cuánta razón!

Lourdes Noguero Jiménez dijo...

Si Dios no habitara en nuestras almas, no se palpara en nuestros cuerpos ni se imaginara en el alba de nuestra existente memoria; seríamos títeres del mundo material, aún así y muchas veces, no dudo de que lo somos.

Saludos .