lunes, 28 de septiembre de 2009

El diletante. A voz en grito





Abluciones polares


El progreso es imparable. Primero compré una caldera que duró quince años, al cabo de los cuales fue sustituida por otra de igual modelo del mismo fabricante. Esta segunda aguantó nueve años; es decir, un cuarenta por ciento menos que la primera, lo que evidencia el imparable progreso crematístico de algunos. Como consecuencia del estropicio nos quedamos sin agua caliente durante varios días y me vi obligado a duchar a mi hijo con agua fría. Mi hijo adora el agua caliente, permanece bajo ella durante tiempos insospechados para el resto de los humanos y nunca sale escaldado.
El caso es que con el agua fría hemos pasado de una tortura a uno de los mejores cachondeos de los últimos tiempos. Le sacudo con la manguera en las piernas y grita y yo más. Luego le atizo en el culamen y organizamos un pandemónium del diablo, pero cuando el chorro de agua helada le golpea los mismísimos chilla como una rata y nos reímos como descosidos. La fiesta dura diez minutos diarios inolvidables.Visto lo visto, he decidido no colaborar con el progreso y seguir divirtiéndome con las abluciones polares.

El Diletante



2 comentarios:

Natàlia Senmartí Tarragó dijo...

Ja, ja, nada de calderos caldeados, dale a la manguera, que el chico grita y tu ries.
Que duren momentos así, besito, natalí.

Mar Solana dijo...

El disfrute de las cosas pequeñas del diario, con los niños siempre es aún mayor... Y si además ahorramos en factura de agua caliente, jajajaja, ni te cuento...

Un abrazo desde "Mar adentro" para todos los habitantes del Desván ;=))