lunes, 31 de agosto de 2009

El Diletante. A voz en grito




KARAKORUM

La caída fue brutal. Trastabillé en nieve podrida y, sin saber cómo, me desplomé hasta una pequeña repisa cuarenta metros más abajo. El fuertísimo golpe me aturdió, aunque pronto pude tomar conciencia de la situación: la pierna y la muñeca izquierdas estaban rotas. Pretendí levantarme; un dolor agudísimo me lo impidió. Grité algo a mi compañero de escalada. Probé a girar con suavidad el cuerpo y tampoco pude. A la altura y en la situación en que me encontraba, el rescate sería muy difícil, la opción lógica consistía en bajar. ¿Pero el rescate por quiénes? Subimos al estilo alpino y existían pocos montañeros en el mundo capaces de repetir la pequeña hazaña, deberían fijar cuerda para bajarme. Llegó mi compañero y me abrazó con delicadeza y ternura, casi como una madre; él, un hombre fuerte y duro como un peñasco.
—Lo siento, la pierna y la muñeca están rotas —le dije, como no dando importancia a la cosa.
—Bueno, podía haber sido peor. Déjame ver las heridas para curarlas o al menos limpiarlas con suero y Betadine. Un antibiótico no te vendrá nada mal y así evitaremos que se infecten.
Busqué en el botiquín y encontré una caja de antibióticos.
—Hemos de bajar y para ello es preciso que te levantes —continuó.
Ambos sabíamos que estábamos por encima de los seis mil metros y que a esa altura ningún helicóptero osaría socorrernos. Debíamos descender.
Al ponerme en pie me desmayé.
Cuando abrí los ojos, la luz hirió con violencia mi retina. Estaba en una pequeña repisa, orientada al sur, cubierta de nieve inmaculada. El día era bueno, y un sol esplendido bruñía el mundo.
—Baja tú y organiza el rescate, no hay más alternativas. Sé que tardarás siete, diez días en volver. Te aseguro que seré buen chico y no me moveré de aquí. Permaneceré tranquilo esperándote.
—Sí, no hay otra opción. No trajimos el vivac. Te dejaré mi saco de dormir, comida y una carga de gas. Volveré lo antes posible, el pronóstico meteorológico es bueno, sé que eres fuerte y aguantarás.
—Antes de irte te ruego construyas una especie de semiiglú que me proteja del frío, y desde el que me sea fácil obtener agua calentando nieve.
En poco más de media hora excavó un confortable semiataúd, donde quedé instalado. Cuando desapareció de mi vista, no pude evitar un nudo en la garganta.
Lo primero, lo esencial, es controlar el pánico, no puedo permitirme entrar en pánico porque entre otras cosas no serviría de nada. ¿Miedo a morir aquí solo, tirado como un perro? Es algo que ya debería tener asumido, y en cualquier caso nunca he conocido a nadie que muriera acompañado. Siempre se muere solo. Ante mí el inconmensurable regalo de la belleza de estas montañas imposibles cubiertas de nieve impoluta, lo que más he amado en mi vida. Será el tributo a pagar a los dioses por la enorme felicidad de haber vivido siempre buscando los límites del ser humano. Pese a todo, yo debo ser el dueño de la situación, aunque pudiera ocurrir que en algún momento deje de serlo. De los cinco sentidos mi favorito ha sido la vista, de la que dicen siempre trabaja al encontrarse ante un mundo adverso. Para mí el mundo nunca fue hostil; duro y bello sí, pero nunca encontré en él a un enemigo. ¿Cómo me organizo? ¡Qué susto van a dar a mis padres en el pueblo, con lo viejos que ya están! Ahora debo organizarme, ya habrá tiempo de apenarme por mi mala suerte y recordar a la familia y a los amigos.
Lo primero es el dolor, si no me muevo prácticamente no existe; mas, amigo mío, si no me muevo estoy perdido porque a esta altura la sangre se garrapiña, se densifica, y el resultado es un edema. De forma y manera, como dicen algunos cursis de salón, que no sería malo si muevo todo lo posible la cabeza, y el brazo y la pierna buenas. Luego está el frío, soportar inmóvil los diez, tal vez quince, grados bajo cero. Dormir, mimir, mimir, estoy oyendo a mi abuela; es tal el agotamiento de mi cuerpo que unas horitas de sueño serán una bendición.
He dormido como una marmota, loado sea el altísimo, porque aquí de lo que se trata es de dar tiempo al tiempo, y hacer tiempo, y acortar el tiempo de espera. ¿De espera?
¿Creo en el fondo de mis entrañas que pueden venir a buscarme? Verdad que no, porque si asumo lo incuestionable todo será más fácil. No, no vendrán a buscarme a tiempo, porque lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. ¿Como diablos van a organizar un equipo de rescate? Descartado el helicóptero, nos queda la opción clásica. Para conseguir el éxito con esta posibilidad se necesitan tres factores: hombres, (un jefe absoluto del rescate, un coordinador, escaladores aclimatados a la altura, y porteadores), materiales suficientes (hombres y materiales juntos en un campamento base, digamos a unos cinco o cinco mil doscientos metros de altura) y climatología favorable. Y todo ello en una lucha titánica contra el reloj y la burocracia paquistaní. Además, para poder bajarme necesitaran al menos colocar cuerda fija en más de mil metros de pared, y disponer de poleas o algún artilugio que lo haga posible. Y no nos olvidemos del tiempo. Lleva mucho haciendo bueno; pero un mal día cambiará, entrará el marrón, que decimos los alpinistas, y estas montañas se cerrarán al hombre hasta dentro de un año. No podrá ser.
Sufro por mi compañero y los camaradas de mi club alpino que removerán cielos y tierra para el rescate; y organizarán, me juego el cuello (claro que en mi situación actual no vale gran cosa), un pandemónium del mismísimo carajo. Saturarán las centrales telefónicas de media España y parte del extranjero, colapsarán los correos electrónicos de medio mundo y parte de Celtiberia; irán, vendrán, subirán, bajarán, lo probarán todo, y todo será como un globo que después de hinchado explotará como una pequeña pompa de jabón. ¡Qué buena gente mis amigos, qué nobles, qué quijotes! ¡Qué suerte compartir con ellos estos años!
Aunque ya no por mucho tiempo, padezco congelaciones en los dedos, la fortuna ha sido benévola al conservar hábil mi mano derecha; me permite muchas cosas, entre otras poder escribir estas notas que clarifican mi pensamiento, lo descarga y lo entretiene. Dentro de cien años alguien encontrará estos papeles apretados contra mi corazón y les hará ver la luz.
Creo que la fiebre ya ha hecho acto de presencia, la herida estará infectada gracias a las defecaciones que no puedo expulsar del saco de dormir, el olor se me hace insoportable. De vez en cuando soporto alucinaciones, y sin embargo los ojos siguen llenos de una belleza grandiosa. Ahora mal pienso cuando pienso, me asaltan sueños tortuosos cuando duermo, hambre cuando como, sed cuando bebo y una gran e inconmensurable indiferencia.
La próxima vez fracasaré mejor, pero nadie podrá impedirme seguir tentando al límite, intentándolo.
La mano de nieve ya no arrancará notas, sólo mi melodía. Voy a morir aquí, embalsamado en jugos, mis jugos, cerca de las estrellas, tus estrellas.
El Diletante
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miércoles, 26 de agosto de 2009

Sábados Literarios de Mercedes



Para los Sábados Literarios de Mercedes, Mercedes ha puesto en marcha un nuevo blog que va a intentar unificar todas las propuestas y participantes. Los relatos seguirán publicándose en cada blog, como hasta ahora, y a ello le unimos este punto de encuentro.

Este en el enlace para los Sábados Literarios de Mercedes:

http://sabadosliterarios.blogspot.com/

lunes, 24 de agosto de 2009

El Diletante. A voz en grito



Poesía



El corazón es arrancado. Una vez extraído el órgano, el elegante y atractivo profesor nos pregunta a los alumnos: ¿Qué es una parte muy pequeña sacada del corazón y proyectada sobre el mismo? Si apruebas este examen puedes liberarte de los finales. Pienso en multiplicar la longitud por el seno o por el coseno, pero este razonamiento no me lleva a ninguna parte. Pido ayuda a mi compañero, que aparenta gran seguridad; solo escucho ataques al sentido común. Decido buscar yo solo la solución al problema. Le doy vueltas y más vueltas hasta que la sencilla respuesta resplandece por sí sola: Es la poesía.

El Diletante


sábado, 22 de agosto de 2009

Ciencia cuentista. Sábado literario.



Paola del Campo

En 1867, el estadounidense Sylvestre Howard Roper inventó un motor de dos cilindros a vapor (accionado por carbón), esta puede ser considerada la primera motocicleta.
En 1885, Wilhelm Maybach y Gottlieb Daiimler construyen una moto de madera de cuatro ruedas y motor de combustión interna.
En 1894, Hilderbrand y Wolfmuller presentan en Alemania la primera moto que fue fabricada en serie y con un fin: comercializarla.
A veces me pregunto si esta gente fue capaz de ver lo que su invento supondría para la vida de muchísimas familias, como marcarían un antes y un después en la Humanidad. Corría el año 1954 cuando en Eibar, municipio de Guipúzcoa, se pone marcha una cadena productiva de motocicletas Lambrettas, la siempre conocida como “La eterna segundona”. Bonita aventura industrial que a lo largo de 36 años significó mucho más que una simple producción fabril, significó la extensión a España de la sana rivalidad que en Italia enfrentaba a Lambrettistas y Vespistas…
Los años cincuenta dejaron paso a los sesenta y a la puerta de mi familia llamó una Lambretta. Para bien o para mal -siempre lo primero-, este artilugio o medio de locomoción pasó a ser una parte muy importante en nuestras vidas, convirtiéndose en un engranaje primordial de la historia de una familia media en unos años que poco a poco dejaban de ser difíciles.
1963
Aquel día mi padre venía contento, se acababa de comprar una moto; mejor dicho, una Lambretta. En casa hacía falta, ya que mi abuela nos llevaba en el seiscientos a mi abuelo, a mis hermanos y a mí, y no quedaba sitio para mis padres.
A la puerta del caserío estábamos todos; bueno, yo era un renacuajo que no levantaba un palmo del suelo, mi madre me tenía aúpas. A mi padre la sonrisa no le cabía en la cara, nos miraba a todos esperando los comentarios de su mujer y suegros. Mi abuelo, rastrillo en mano, iba camino del campo cuando llegó mi padre, se detiene y mira de hito en hito primero la moto, luego a mi abuela y después a mi padre. Yo creo que pensaba que si su mujer sabia conducir un cacharro con cuatro ruedas, él podía intentarlo con aquel de dos; de esta manera demostraría a unos cuantos, pero sobre todo a él mismo, que no era tan tonto. Es que mi abuelo siempre endiosó a su mujer.
Mi padre intuyó lo que los ojos de mi abuelo hablaban; aunque de la boca de éste no salía palabra:
-¿Josetxu, quiere probar a llevarla? -le pregunta mi padre.
-¿Hijo, esto es fácil de manejar?, mira que yo solo estoy acostumbrado a la burra.
Mi abuelo, que se hacia todos los días dieciséis kilómetros andando para ir de casa a la fábrica y de ésta a casa.
-Mire -le decía mi padre-, tiene cambio manual, controlado con el puño izquierdo; mientras se sujeta el embrague, situado en el mismo puño, selecciona entre las 4 velocidades, la primera arriba y las demás bajo, sólo girando el puño. Para frenar, este pedal; y no te preocupes, que al arrancar produce cierta cantidad de humo.
La cara de mi abuelo es un poema, mi padre resume la explicación:
-Aquí acelera y con este frena, solo tiene que seguir el camino.
-Voy a probar.
-Joseee -le dice mi abuela mientras menea la cabeza.
Mi abuelo se monta en la moto, la pone en marcha y acelera…
Sanfuentes era en aquel tiempo una aldea de caseríos; Pilar barre la entrada de su casa, el Rubio cava en la huerta, las matelas intercambian unos comentarios en el portón de su cuadra, Lucí va por el camino hacia el caserío de su hermana Pilar…, las vacas pastan en el campo.
Mi abuelo comienza su carrera desenfrenada por el camino de la aldea, se agarra fuertemente al manillar de la moto:
-¿Cómo se apaga estooooooo? -grita en su loco discurrir por la aldea.
Mi abuela no sabe si reír o llorar, mi madre me agarra tan fuerte que tengo la impresión de ser yo quien va en la moto. ¡Mi padre. Ay, mi padre!, corre como un loco detrás de mi abuelo. No sé qué le dolía más, si mi abuelo o la moto.
-Victoooor, para este cacharrooooo.
-Al jaro, al jaro -gritaba mi padre mientras intentaba alcanzarle.
-Al jaro, José, al jaro -gritaba mi abuela.
Pilar deja de barrer, el rubio de cavar, las matelas no se lo pueden creer y Lucí se mete de un salto en la cuneta del camino, las vacas levantan la cabeza y miran a mi abuelo pasar mientras rumian despacio la hierba, sus grandes ojos no dan crédito a lo que ven, alguna menea la cabeza y un mugido sale de otra, los gatos se agazapan y los perros esconden el rabo.
Y al jaro fue mi abuelo y si le dicen contra la pared de la iglesia pues contra ella se va. El jaro paró la primera y última carrera en moto de mi abuelo.
Con el orgullo lastimado -creo yo que estaba más lastimado él, pero no dijo nada-, mi abuelo se levantó, miró a mi padre y comenzó a andar hacia el caserío, cogió el rastrillo y le vimos ir a la era a remover la hierba segada.
Nunca volvió a montarse en la moto ni se mentó jamás el tema. Ahora que ya no está, mi padre lo suele recordar y todavía hoy se escapan las lágrimas de la risa que nos da.

lunes, 17 de agosto de 2009

El Diletante. A voz en grito




Óscar Pérez



Cuando escribo estas líneas, Óscar Pérez lleva ocho días solo, no sé si vivo o muerto, aplastado contra la nieve a seis mil trescientos metros de altura en una pared del Latok II, en el Karakorum. Aplastado porque tiene una fractura en una pierna y otra en la muñeca y no puede moverse. Y solo. En esas condiciones, casi inimaginables, la lucha por la vida estriba en conquistar el minuto siguiente, y luego el siguiente. Minutos convertidos en horas y estas en días y estos en años. Los montañeros son gente disciplinada en el sufrimiento, en aguantar; pero debe llegar un momento en el que si el alma está dormida ¿para qué despertarla? ¿Por qué hacer tan larga la corta agonía de la muerte? ¡Sería tan fácil abrazarla!
Ya van por ti dos equipos, uno de ataque y otro de rescate. Aguanta.
No estás solo, las miles y miles de personas que piensan en ti tienen que forzar las líneas de fuerza de tu destino. Aguanta.
Suerte, Óscar, aguanta, ya van por ti
El Diletante
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miércoles, 12 de agosto de 2009

19 de agosto. Lectura poética en Santander





19 de agosto
SANTANDER
Lectura poética de
Yolanda Sáenz de Tejada
y Noemí Trujillo
20:00 Librería Gil (plaza Pombo)

martes, 11 de agosto de 2009

lunes, 10 de agosto de 2009

El Diletante. A voz en grito



El macho cabrío


Paseaba con amigos por pueblos castellanos (puebleábamos, como dicen los mexicanos), deteniendo el tiempo en fondas y paradores, cuando un hombre grande con cara de chivo, llevando atado con una correa negra a un enorme macho cabrío, se me acercó. Mientras el cara de chivo, inmóvil, me observaba, el cabrón, sonriendo, comenzó a mordisquearme con su fuerte dentadura. La violencia de la escena no estaba exenta de un manto de abyección. Lleno de repugnancia y dolor por las dentelladas del macho logré escabullirme hasta llegar a mis compañeros, que comentaban la rareza de lo sucedido. Poco después el carachivo se tumbó boca abajo en el suelo; inmediatamente el macho cabrío se abalanzó sobre él ejecutando torpes movimientos sobre las espaldas del hombre hasta que éste volvió la cabeza y lo besó en la boca.

El Diletante



sábado, 8 de agosto de 2009

Se queja el viento. Sábado literario



Se queja el viento
Paola del Campo
Se queja el aire... Las nubes grises se arremolinan en torno a un soplo convertido en Señor de la noche; se filtra despacio, muy despacio, por todas las rendijas anunciado la hora suprema… Deja que los fantasmas aúllen hasta la madrugada en la villa de Alcedo, por las calles no se ve un ánima y los portones de las casas están cerrados a cal y canto. Sus moradores tienen miedo.
Encima de las puertas de las viviendas, Eguzki Lore baila al son del viento; esta flor de cardo silvestre fue dada a los antiguos moradores de estas tierras para protegerles del mal.
Aquella noche ni un solo mercader osa atravesar Alcedo, vienen de Castilla camino del mar para vender sus mercancías, los puertos de Bilbao y Castro Urdiales son su próxima parada y esta villa es paso obligado. Sólo Gaueko se atreve a deambular por las calles de Alcedo, este espectro vela porque ningún mortal merodee por la noche, ya que durante esta las ánimas vagan por la tierra. Él es el encargado de arrebatarle el espíritu a todo ser humano que se atreva a salir a la calle cuando el sol se oculta para dar paso a su hermana la luna..

Juan Badillo siente un escalofrió que le recorre toda su espina dorsal para después abandonarlo; atraviesa el valle en busca de otra alma, ya que la suya estaba vacía y su baile con la señora de la guadaña había comenzado, iba segando poco a poco la hierba debajo de sus pies, solo era cuestión de tiempo.
Juan encontraba sentado en la mesa de la cocina, los demás dormían. Iru, su fiel perro, descansaba delante del hogar; de vez en cuando levantaba los ojos hacia su amo, él también barruntaba lo que se aproximaba. El hombre levantó y cogió del arcón un mantón para echarse encima de los hombros. Tenía frío, aunque más bien era el aliento de la muerte lo que él sentía en sus huesos. Quería dejar las cosas bien atadas y asegurarse que su tránsito hacia la otra vida se hacía como Dios manda. No se fiaba de sus hijos; sabía que Marceliana, su hija pequeña, cumpliría sus últimas voluntades, pero por si acaso mejor lo dejaba escrito y firmado. Al día siguiente a primera hora se lo entregaría al Señor notario.
Sus hijos mayores no eran malos; es que seguían apegados a las viejas costumbres y les costaba asimilar las de religión católica. Esas costumbres arcaicas eran a la vez raíz de todo aquello que nos rodea y nos impulsa a movernos; en el fondo, pensaba Juan, no eran tan diferentes unas creencias de otras. Él comienza a escribir su legado; su legado espiritual, que el terrenal si estaba marcado por las enseñanzas de los que fueron sus mayores:
En el dia onze de Noviembre de mil ochocientos setenta y dos, yo Juan de Vadillo y para que conste, ordeno que el dia de mi muerte me sean otorgados los Sacramentos de Penitencias , oluntad y Estremaucion.
Manifiesto que quiero ser sepultado con el abito de Nsto.Padre Sn Martín, que por mi alma se celebre novena cantadas y las misas de los doce oluntade en la parroquia de Alcedo.
Que a mi misa entierro asitan tres Sacerdotes y ser sepultado en el campo Santo.
Y para que conste lo firmo hoy dia onze de Noviembre año de nuestro señor.
Juan Vadillo.


Esperó a que la tinta secara, mientras sus ojos se posaron en el infinito y de sus labios brotaba un silbido bajo, monótono. Recientemente se sorprendía a sí mismo al oírse silbar y aguantaba sin rechistar las bromas de los suyos a cuenta de este hábito que sin querer salía de sus adentros. Lo que sus hijos no sabían es que muchos hombres y mujeres que en vida exploraron caminos, valles y sierras, confiando encontrar algún día a la Dama Mari y ser recompensados por su perseverancia y fidelidad, con la muerte esperaron que ella les mostrase el secreto de su existencia. Otros murieron intentando alcanzar el cielo como destino deseado; buscar a Dios era el camino hacia la salvación. Ninguna de las dos búsquedas aseguraba nada y el infierno constituía un serio peligro. Todos ellos, los que emprendieron un camino u otro, le visitaban en sus noches de sueños inquietos, le hablaban de cosas que él no entendía, aquella paramnesia mental causaba la sinfonía que salía de sus labios, era la melodía para espantar sus miedos.

Juan guardó todo en el cajón de la cómoda de su dormitorio; oyó de nuevo el canto triste y lastimero del viento, que subió hasta la cima de la montaña azotando lo que encontró a su paso, encogiendo el corazón de las alimañas del bosque, para bajar de nuevo al valle con toda la fuerza de aquel que quiere alimentarse del último soplo de vida de los mortales.
El sonido de una puerta mal cerrada quebranta, de repente, el silencio reinante en la casa, y deja paso a un viento fuerte y gélido que entra como un anuncio, una señal para alguno de sus habitantes mientras avanza por el estrecho pasillo.
Juan Badillo experimenta la angustia del vacío y la fuerza de la muerte que se arrastra hasta él a través de la corriente de aire que va llenando la estancia de un silencio extraño, mientras la puerta de la entrada da continuos golpes contra la pared, cada vez más fuertes, como queriendo llamar, desesperadamente, la atención de alguno de los que allí viven.
Juan Badillo permitió que el viento acariciase su rostro blanco, el frío envolvió la estancia y se dejó llevar por el pulcro silencio que le rodeaba. Una campana sonó a lo lejos…


Notas:
Eguzki Lore: flor de cardo silvestre, fue dada a los antiguos moradores del País vasco para protegerles del mal. (Costumbre pagana).
Gaueko (literalmente “El de la Noche”): misterioso señor de la oscuridad, anónimo monarca de las sombras. Desde la medianoche hasta el amanecer el mundo le pertenece, de la misma manera que durante el día pertenece al ser humano. Mientras transcurren estas horas, los mortales no deben abandonar la seguridad del caserío. (Mitología vasca).
Dama Mari: de todos los personajes mitológicos unidos a la Tierra, la más difundida es Mari, divinidad de carácter femenino. Habita en los montes, y según cuál sea éste se la conocerá como la Dama del Anboto, Mari de Txindoki, la Dama de Aralar… Se dice que su morada favorita es la Cueva de Mari, en la cara Este del monte Anboto, en el Duranguesado. Mari es la reina de los genios vascos. Se la distingue como una mujer bella y elegante que viaja envuelta en forma de nube de fuego o como una ráfaga de viento, vive bajo tierra y una vez que sale se desplaza volando para visitar sus diferentes hogares en las sierras montañosas vascas.
El testamento es original, tal y como fue escrito.
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El viento trae más relatos este sábado desde el blog de Mimi:

jueves, 6 de agosto de 2009

Un Martini blanco, de Paco Molina López



Un Martini blanco
Paco Molina López
(Finalista Certamen Amor en el Tiempo 2009)
Hoy es un día cualquiera, sin fecha señalada en el calendario, sin un sol radiante que alegre la mañana o una fuerte tormenta que la estropee; por eso hoy no es un día diferente al resto de los días… He recordado aquella tarde, rodeados de amigos, tomábamos un Martini blanco y entre confesiones me dijiste que si alguien bebía del vaso de otra persona se podía saber lo que pensaba. Verdad o no, lo cierto es que bebí para intentar averiguar qué pensamientos rondaban por tu cabeza; y lo único que descubrí fue que te habían servido un Martini más frío que el mío o, quizá, que mis nerviosas manos asían con fuerza mi vaso y eso había aumentado la temperatura del líquido. Apenas una hora después, rozaba tu mano por primera vez, con disimulo, de manera furtiva, como un ladrón que hace su trabajo sin ser visto; mis dedos escurridizos se entrelazaban con los tuyos; fueron apenas diez segundos… El paso por el altar tardó en llegar, quizá por eso fue tan celebrado por ambos, y en la memoria de aquel día permanece tu radiante caminar hacia mí, para comprometernos el uno con el otro eternamente… El cielo nos concedió dos tesoros por hijas y la bendición de verlas crecer sanas y felices, junto a nosotros, en un día a día donde tú y yo pasamos a un segundo plano y nuestro amor, latente, quedó escondido bajo recibos de luz, gas, colegio y otras obligaciones… Las canas se fueron abriendo paso entre arrugas y prótesis dentales, nuestra aportación laboral a la sociedad se caducó y poco a poco volvimos a tener tiempo para mirarnos a los ojos. Hemos comprendido cuánto debe aprender, respetar y perdonar el uno del otro; y descubrir que los insultos y los gritos, totalmente innecesarios, dejan una cicatriz en el corazón que evitas volver a sufrir… Acabo de comprar el periódico, tú estás en el “fisio” intentando aliviar tu dolor de rodilla; las niñas, independientes, han elegido sus destinos en el mundo… Hoy es un día cualquiera, sin fecha en el calendario; sin embargo, se me está ocurriendo una idea: voy a invitarte a un Martini blanco.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Aurora, de Mercedes Martín Alfaya



Aurora
Mercedes Martín Alfaya
(Finalista Certamen Amor en el Tiempo 2009)
Querido Daniel:
Me hace muy feliz saber que has encontrado una chica a la que unir tu vida. Seguro que es una persona inteligente, educada y con un atractivo especial; conozco bien tus gustos.Con respecto a lo que me preguntas en tu carta, te diré que no existe ningún secreto para eso, al menos yo no lo conozco. Sí te puedo asegurar que para construir un futuro juntos, más que deseo lo que se necesita es voluntad. Voluntad y esmero. Cualquier semilla que aspira a convertirse en árbol precisa cuidado, espacio en el que desarrollarse y cierta dosis de ingenio contra las plagas -que las habrá-, manteniendo intactas las raíces.
Cuando tu abuelo y yo nos conocimos, hace más de cincuenta años, ni siquiera sabíamos montar en bicicleta, así que mucho menos conducir una relación de pareja. Lo que sí tuvimos claro desde el principio fue que nos gustaba compartir cartucho de palomitas en el cine, despedir a los barcos desde el muelle y atravesar los arroyos cogidos de la mano.Con el tiempo, la senda se volvió cuesta arriba. Incluso, en algunos tramos, nos perdimos de vista. Fueron esos avatares los que más afianzaron nuestra relación de pareja, porque comprendimos que sólo cuando estás a punto de perder algo es cuando valoras lo que significa en tu vida. Y luchamos para seguir compartiendo bolsa de palomitas en el cine, aunque fuera rodeados de infantes llorones y desinquietos; si lo piensas bien, no hay nada en el mundo que nos proporcione mayor satisfacción que encontrar a alguien con quien compartir unas palomitas en el cine.
Ahora, tengo que dejarte. Nos vamos a dar una vuelta y el abuelo espera en el comedor; ya sabes que tiene un genio de trueno. Claro que sólo tengo que tirarle del pañuelo del bolsillo para que luzca guapo y pellizcarle la babilla para que se derrita en mis manos. Ya ves, todo consiste en eso: hacer la vista gorda a los gruñidos y acariciar barbillas.
Espero verte pronto por aquí.Recibe bendiciones de esta vieja que pretende dar clases de jardinería a un futuro experto en botánica.
Besos.
Aurora.

lunes, 3 de agosto de 2009

El Diletante. A voz en grito


[Habla Goethe:] “El diletantismo es noble, y quien es noble es diletante. Por el contrario, es vulgar todo lo que significa gremio y especialidad y profesión. ¡Diletantismo! ¡Malditos filisteos! ¿Habéis sospechado siquiera que el diletantismo está en estrecho parentesco con lo demoníaco y con el genio, porque no se encuentra ligado y no está creado; ver una cosa con los ojos frescos, el objeto en su pureza, tal y como es, y no como quiere la tradición que uno lo vea, y no como lo ve la chusma, que de todas las cosas, tanto físicas como morales, tiene sólo una imagen de segunda mano? Porque yo pase de la poesía a las artes y de éstas a la ciencia, y la arquitectura y escultura y pintura me sean tan familiares como la Mineralogía, Botánica y Zoología, tengo que ser un diletante. ¡Déjalo! De joven deduje observando la catedral de Estrasburgo que habían pensado darle a la torre una coronación de cinco puntas, y el plano lo ha confirmado. ¿Y no iba a poder hacer iguales estudios en la Naturaleza? Como si todo no fuera un conjunto, el Todo; como si no comprendiera uno algo de esto que tiene unidad, y la Naturaleza no se abriera a uno que es, él mismo, una Naturaleza...”

Carlota en Weimar
Thomas Mann

El Diletante

domingo, 2 de agosto de 2009

Lola Sánchez Lázaro, seleccionada en el Certamen Microrrelatos Abogados mes de julio


¡Qué suerte!
Lola Sánchez Lázaro-Carrasco

(Seleccionada Certamen Microrrelatos de Abogados -julio 2009-)
¡¡Seis!! ¡Seis aciertos! ¡No puedo creerlo! ¡Soy rico! ¡¡Ricooo!! Como el cachorro ese del anuncio. ¿Cómo se llamaba? Mmmm...¡Sí! Pancho, el que abandonó a su dueño con los millones de la lotería y sale esplendoroso en un mar caribeño embutido en un flotador rodeado de tías estupendas. ¡Joder, qué suerte tengo! Yo, como Pancho, dejaré a mi jefe, que me tiene hasta las pelotas. Cinco años en el bufete y sigo siendo el último mono. Adiós a expedientes, providencias de embargo, de apremio, y...¡al Caribe! Sí, ya puedes sonar teléfono maldito, que no te haré ni caso. Pero, ¿y si es algo importante? -¿Dígame? -Benito, joder, ¿otra vez te has quedado dormido? Lo tuyo es fuerte, ¿eh? -¡Dormido? ¡No puede ser verdad! ¡Maldita sea mi suerte! -Anda espabilao, ven corriendo que el jefe está que trina...