
viernes, 25 de septiembre de 2009
Lola Sánchez Lázaro, seleccionada por tercer mes consecutivo en el Certamen Microrrelatos de Abogados

martes, 22 de septiembre de 2009
El mago (Mar Solana)

lunes, 21 de septiembre de 2009
El diletante. A voz en grito

viernes, 18 de septiembre de 2009
El peso del alma. Por Paola del Campo

Volviendo al alma y los cuarenta gramos de peso, me acordé de San Pedro. Sí, ese señor con cara de bonachón que nos abre las puertas del Cielo. ¿Qué le podía decir yo de mis pecados o buenas acciones? ¿Cuántas cosas a lo largo de mi vida quedaron almacenadas en mi alma? Y por más que lo pienso, sólo veo a la charcutera de mi pueblo partiendo cuarenta gramos de chorizo y cada raja es un pecado o una buena acción. Le sigo dando vueltas al tema; no creáis, me trae de cabeza.
Yo me imaginaba que el alma era algo liviano; a veces pesada de llevar, otras ligera de transportar, aunque... ¿cuarenta gramos?
En fin, me queda una conclusión: quizá el alma es como un disco duro o CD o un ‘pendrive’ y lógicamente pesa cuarenta gramos pero tiene una memoria infinita.
Sólo espero que en el cielo tengan puertos USB o portátiles de última generación.
Pobre San Pedro, a estas alturas aprendiendo informática.
Lo peor vino una semana después (y ahora sin ironía), cuando me di cuenta de lo frágil que soy o somos, de lo vulnerables que pueden llegar a ser mis sentimientos y que mi alma, mi corazón, así como el o el resto de mi cuerpo, están regido por la cabeza. Mi cabeza llena de pensamientos y acciones que a veces no logro controlar, un día me hace reír y quizás después durante una semana me haga llorar, es la reina de los nervios que cada mañana siento en la boca de mi estómago, rige mis miedos y coordina mis acciones. Mi cabeza, mi gran desconocida; lo sabe todo sobre mí pero yo no sé nada de ella, ni tan siquiera los médicos: con este ansiolítico controlarás la ansiedad, con esta pastilla dormirás, con este jarabe no devolverás y pregunta tras pregunta intentan desenmarañar ese tinglado de nervios y circuitos que rigen nuestras vidas, sin saber a ciencia cierta si van por el camino adecuado.
¿De cuántos locos cuerdos están llenos los manicomios?
Y a todo esto llegué porque descubrí lo que pesa el alma.
Si alguien puede, que me lo aclare… ¿Cuarenta gramos?
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Mimoscapersonal. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Voy en bici.
Me pongo los guantes negros
que dejan mis uñas al aire
(para rajar los fragmentos de viento).
Me cuelgo la mochila
en la espalda
(con el libro de poemas dentro) y
me voy a leer al puerto.
En el camino, siento un ligero temblor en mi ceja izquierda que se
asemeja a una canción ronca de nana.
Es una mosca…
Muevo la mano, como agitando el aire.
Pero no se va.
Alargo mis pestañas hasta hacerle con ellas una sombra que la ahorque.
Pero sigue aferrada
a mi lunar,
esa laguna de piel oscura
que vive
(también)
sobre mi ceja.
Entonces oigo una voz. Muy dulce; tan de niño pequeño que casi tengo
que coser las letras para saber lo que dice:
déjame viajar contigo, por favor…
Sigo pedaleando mientras pienso que contestar.
Asiento con mi cabeza y ella, aprovecha un rizo de mi pelo para hacerse
con él una cama. Dormir junto a mi pensamiento…
Antes de bajarme en el banco donde leo cada día, experimento un
pinchazo en la sien (izquierda, donde ella coexiste desde hace un rato) y
siento como un finísimo hilo de suspiros va inyectándome dentro del
cerebro un montón de neuronas de colores.
Tranquila, fierecilla,
me dice,
he conectado tu cerebro con el mio.
Y así, leemos poesía juntas. Y si ella llora, lloro yo.
Compramos juntas el pescado y ella, (acostumbrada a lo rancio), hace que
pose mi mano en una cigala para disfrutar de la aún vida escurriéndose
en el mostrador.
He de volver a casa, le digo.
Pero quiero volverme sola. No podría vivir con dos cerebros…
De nuevo el pinchazo, sin un reproche. De nuevo mi rizo en la cara y mis
pestañas en mis ojos.
De nuevo mis hemisferios en su sitio.
Y un resto de sal en mi lunar.
Es el paleolítico
de su lágrima...
Yolanda Sáez de Tejada: Blog de la autora
lunes, 14 de septiembre de 2009
El Diletante. A voz en grito
Ya sabíamos que nuestros alumnos están a la cola de los europeos, que lo nuestro no es la educación, pero de lo que no estábamos seguros era de tener el dudoso honor de ser el pueblo peor educado del planeta. Sí, maleducados. ¿Consecuencia de la educación para la ciudadanía o del hecho diferencial? El suceso muestra dos cosas: el alto porcentaje de energúmenos maleducados, y la paciencia cobarde de la buena gente que a pesar de todo sigue siendo mayoría. ¿Dónde está el límite de las tragaderas reales? ¿Hasta donde se debe soportar el insulto?
La mayoría del pueblo comienza a estar harta de las singularidades y sobre todo de las singularidades de los cafres. El hecho en sí es muy grave y no debería volver a repetirse. Por ello propongo, con carácter inmediato, que se adopten tres medidas:
1ª Se deberá desagraviar a millones de españoles que se han visto profundamente ofendidos. Si no hay desagravio se creará una deuda que algún día habrá que pagar.
2ª Que la copa del rey sea sustituida por la copa del energúmeno.

viernes, 11 de septiembre de 2009
Autorretrato y Reflexiones de Egocéntrico (1). Por Juan Manuel Rodríguez de Sousa

jueves, 10 de septiembre de 2009
Todos Locos. Dorotea Fulde Benke
lunes, 7 de septiembre de 2009
El Diletante. A voz en grito

A la hora de los señoritos, mediodía, quedan los padres de la patria para hablar del Estado de la Nación en el Parlamento. La gran depresión económica, el drama de cuatro millones de parados, el fiasco de la educación y las tensiones centrifugas de la periferia. Cada cual defiende lo suyo a cara de perro, pero solo frente a la galería; luego el compadreo continúa, ya se sabe, hoy por ti mañana por mí. Los mejores, intelectualmente hablando, conocedores de la inutilidad de sus esfuerzos tampoco se desmelenan. No hay nadie que se atreva a decir las verdades, todo el mundo espera que el temporal pase pronto y así volver cuanto antes a las prácticas habituales del engaño, la dentellada y el sálvese quien pueda. Atónito contemplaba por televisión el patético espectáculo de los robaperas de turno, cuando me quede dormido. Escandalizado y liberado soñaba con la búsqueda de verdades universales, soluciones al dolor y la miseria; pero ni siquiera era capaz de encontrar la puerta del laberinto. Luego, sin entrar en él, ya lo había atravesado y la verdad se impuso con luz propia. Mientras a su alrededor todo era palabrería, colores chillones, caos y confusión, la escueta verdad ocupaba el centro de la escena: el daguerrotipo en blanco y negro del culo en pompa de una mujer tamizado por un tul.
El Diletante
viernes, 4 de septiembre de 2009
Al otro lado del vals

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Tambaleo en vaivenes
de profundas caricias,
respirando tus palabras que
van a mi diario persuasivo
con secretos para ti.
El vals, a la otra orilla
donde tú estás, aguardándome.
Debo cruzar al otro lado, no tengo barca ni remo
ni soy navegante
en tierra de nadie.
Soy una nota dispersa
el único suspiro, la cruz gamada
el sabio escondite de todas tus palabras.
Y compongo mi obra,
con manos ajenas...
las que dejaste en mi cuerpo
marcada con huellas.



