viernes, 21 de octubre de 2011
Mercedes Gómez Ballesteros es finalista del Certamen de microrrelatos abogados de agosto de 2011
jueves, 11 de agosto de 2011
Mercedes Gómez Ballesteros es finalista del Certamen de microrrelatos abogados de julio 2011
Mercedes Gómez Ballesteros
Relato seleccionado Certamen Microrrelatos de Abogados julio 2011)
Al cura se le atascaron las palabras: calle, para, siempre en plena glotis y a punto estuvo de ahogarse. La madrina cayó desplomada arrastrando al suelo al padre de la novia, que elevando el índice ordenó la detención inmediata del sujeto que objetaba infidelidades previas desde el coro. El sujeto en cuestión soltó el orgullo antes pregonado tras el órgano y huyó amilanado. No hubo boda. Dos años después, durante el juicio, rebrotó el escándalo. Harto de gritos el juez lanzó el birrete contra la suegra que estrangulaba al malogrado novio, falló el tiro pero atinó en la cabeza de la prima Esperancita, que sin querer escupió una palabrota sobre el abogado que tomaba el tercer lexatin de la mañana. En el silencio sobrevenido se escuchó a la bisabuela Basilia decir al acusado: Hijo, ¿finalmente le dijiste a tu prima que a su novio le gustas tú?
jueves, 26 de mayo de 2011
Mercedes Gómez Ballesteros es finalista del Certamen de microrrelatos abogados de abril de 2011
Mercedes Gómez Ballesteros
(Relato seleccionado Certamen Microrrelatos de Abogados abril 2011)
Al fin escapó de la jaula. Planeó sobre la procesión del silencio sin decir ni pío y entró por una ventana del palacete. El noble joyero estaba abierto sobre el tocador. El pájaro picoteó las piedras preciosas y se llevó enganchado en el pico el anillo de rubíes y diamantes regalo del difunto conde. Dicen que el planeta entero tuvo noticia del berrido de la condesa al descubrir el robo. La sospecha reptó por el palacio enquistándose en la zona de servicio como una garrapata. El fallo del juez fue tajante: la cocinera quedó absuelta por falta de pruebas. Tras el juicio, la piadosa sirvienta, arrodillada en un reclinatorio, daba gracias al Señor por su infinita bondad cuando un rayo de luz iluminó la corona de espinas del Nazareno. Agarró el anillo, se dirigió a palacio e hizo la maleta. Ni dudas ni remordimientos. Dios mismo quiso recompensarla.