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lunes, 20 de junio de 2011

No todo fue mentira, de Teresa Cameselle



El día ha llegado. No todo fue mentira aparecerá esta semana en las librerías. Lo más fácil será encontrarla en los grandes establecimientos, pero recordad que cualquier librería puede obtenerla si se le solicita.


Conoce algo más sobre esta obra en el blog de Teresa Cameselle, su autora, a la que podrás preguntar lo que quieras:




jueves, 15 de julio de 2010

Libranda


Parece que el libro digital comienza a avanzar con fuerza.
Felicitamos desde aquí a Teresa Cameselle por la digiedición de su novela "La hija del Cónsul", que nos explica un poco más en su blog sobre lo que es Libranda y nos hace una interesante propuesta:

http://teresacameselle.blogspot.com/

¡Enhorabuena!

miércoles, 27 de enero de 2010

domingo, 16 de noviembre de 2008

Fantasía del sábado noche

Teresa Cameselle
(Ganador ex aqueo I Premio Relato Erótico El Desván 2008)
Esther se para ante el espejo jugando a verse con ojos de desconocido. El delicado camisón negro suaviza sus curvas y se introduce provocador entre sus muslos. Respira hondo para comprobar, con satisfacción, cómo la curva de sus senos asoma generosa por entre el escote de encaje. Sólo falta un detalle, extiende la mano y atrapa la barra de labios que ha dejado sobre el tocador, con pulso firme delinea sus labios en rojo explosivo y sonríe seductora a su reflejo. Aprobado alto, decide, mientras se aleja caminando con paso firme sobre altos tacones. El timbre ya ha sonado dos veces. Que espere, piensa, un pequeño pago a cambio de una gran recompensa.

David apoya un hombro contra el marco de la puerta y decide ser paciente. Quizá se ha adelantado. Comprueba el reloj; no, es la hora acordada. Suspira y se afloja un poco el nudo de la corbata. Piensa en el partido que se está perdiendo, quizá hoy se decida el ganador de la liga. Ahora podía estar en el bar, con los colegas, engullendo cerveza y gritando goles hasta quedar afónico. Inquieto, da dos pasos adelante y atrás, y entonces la puerta se abre y un haz de luz araña sus ojos. Ella lo mira con una sonrisa conocedora y lo invita a entrar agitando su dedo índice. Se da la vuelta y se aleja por el pasillo permitiéndole, ofreciéndole en realidad, una fabulosa visión de sus largas piernas sobre sandalias negras, y de sus curvas tentadoras bajo muselina transparente. David nota la garganta seca. Se ha olvidado del partido, de los amigotes y de la cerveza.

Esther entra en el dormitorio en semipenumbra, sólo iluminado por velas que al arder dejan un suave olor a flores silvestres. Desde un rincón le llega la voz seductora de Norah Jones y las cadenciosas notas de su piano. Se para ante la cama y espera. Él llega sin hacer ruido y se detiene a su espalda, posa una mano sobre su cadera, la otra se introduce en su escote dejando un fajo de billetes crujientes que huelen a papel nuevo y tinta fresca. Besa su hombro desnudo y mueve las caderas contra su cuerpo, seductor, mientras comienza a quitarse la chaqueta.

Fundido en negro.

Con el cuerpo satisfecho y la mente en blanco, David se va abandonando poco a poco al sueño reparador que tanto necesita. En la habitación flota el humo dulzón de las velas recién apagadas y al fondo resuenan las últimas notas de un piano. Así soñaba el paraíso.

Esther tarda más en dormirse. Recuerda el fajo de billetes esparcidos por el suelo. Falta le van a hacer mañana, para compensar a los niños por haberlos obligado a dormir en la casa de los abuelos. Bueno, que David lleve al pequeño al cine, o a jugar al fútbol al parque o a esas cosas de padres y chicos; y ella se llevará a la niña de compras, que empieza a hacer buen tiempo y con lo que ha crecido no le va a servir nada de lo del año pasado y...

miércoles, 30 de julio de 2008

Cognac



Teresa Cameselle


(Finalista Certamen "Microrrelatos 1808" 2008)





No hablaba español, pero se lo dijo todo con una mirada. Cuando cerró la taberna seguía sentado en el rincón más oscuro, reflejando su desesperanza en una copa de cognac. Quiso echarlo y se vio frenada por aquella tristeza sin fondo que marcaba arrugas de anciano en su rostro lampiño. Lo abrazó con ternura maternal en el camastro del almacén, donde le dejó desahogar su miedo y su vergüenza.
Al amanecer le vio vestir su uniforme blanco y azul y marchar, la frente alta a pesar de todo. Aterida de frío y desconsuelo, maldijo aquel año del Señor de 1808.

sábado, 1 de marzo de 2008

EL curso Torrente Ballester concede 5 premios literarios

El Curso de Literatura Gonzalo Torrente Ballester culmina con la concesión de cinco premios literarios a sus alumnos, concedidos por un jurado del que formaron parte, entre otros, Antonio Pereira y Ángel Basanta. Los galardonados son, por este orden, Andrés Martínez Riveira, María Teresa Cameselle y Francisco Xavier Caamaño, en la modalidad de narrativa; y en poesía Jaime Pereira Maroto y Dulce María López Rivera.

http://www.lavozdegalicia.es/ferrol/2008/03/04/0003_6622478.htm

sábado, 30 de diciembre de 2006

Superviviente

Teresa Cameselle
(Seleccionado Certamen La Voz de Galicia 2006)

Es una pesadilla recurrente que me asalta noche tras noche. Voy subiendo unas escaleras imposibles, con tramos cortados, escalones de distintas alturas, giros infinitos... En lo alto escucho voces, sé que voy a una fiesta, puedo oír la música y los pasos de mucha gente. A veces algunos caminan a mi lado en las escaleras, luego desaparecen.

Sin saber cómo, me encuentro en una gran sala, entre un bullicio de invitados que van y vienen, cubiertos con máscaras siniestras, ropas amplias y largas capas que ocultan sus formas.

Alguien choca conmigo, me sujeta por un brazo para que no pierda el equilibrio y veo que su mano no tiene carne, sólo largos y afilados huesos que brillan mortecinos bajo la luz de las velas. Horrorizado busco su rostro, le arranco la careta y retrocedo ante la sonrisa de la calavera; doy otros dos pasos hacia atrás, dedos esqueléticos tocan mis brazos.

Me deshago de ellos y corro en busca de la salida, a mi paso todos se quitan las máscaras. Sonrisas difuntas me persiguen, me aturden. Caigo al suelo y al intentar ponerme en pie veo mis manos, mis huesos, y entonces intento gritar, mi boca sin labios se abre en una mueca eterna. No sale ningún sonido.

Cuando despierto aún es casi de noche; sudado, angustiado, me giro buscando algo, pero el otro lado de la cama está vacío, helado.

Entonces vuelve la consciencia, y comienza el ritual de todas las mañanas, el beso a la almohada, la mano que acaricia la sábana buscando el recuerdo del calor de su piel.

Al levantarme avanzo con pasos cansados hacia la habitación del fondo, me siento en la cama diminuta, cojo un oso de peluche y lo observo mientras se va mojando con mis lágrimas.

También íbamos a una fiesta, era tarde. No había escaleras imposibles, sino una carretera sinuosa y la lluvia, la lluvia envolviéndonos en su gris sudario.

Los médicos me dijeron que había sido el único superviviente. Todos los días me pregunto si es cierto.

Hermosa

María Teresa Cameselle
(Finalista Certamen Acumán 2006)


Ella continuaba siendo hermosa. A pesar de los años, el desamor, el doloroso divorcio y las terribles operaciones a la que había sometido a su frágil cuerpo de cristal.

Hoy, el jovencísimo camarero, aspirante a cineasta, le había sonreído mientras le extendía el menú, adorándola con la mirada. "Ya quisiera que usted fuera mi Mrs. Robinson", había susurrado con devoción.

Sí, seguía siendo hermosa. ¡Qué más daba que sus hijos continuaran llamándola papá!

domingo, 30 de julio de 2006

Billete de ida


Libro de relatos "El Viaje"
(Editorial Punto Reklamo. Varios Autores)

Teresa Cameselle

Debería bajar. Él estaría aún en el andén, odiando al autobús que pretendía separarlos, alejándola de allí, donde su amor no pudiera dañarla.
Adentro, ella aprieta contra su pecho y convierte en coraza la bolsa de mano barata, en la que no lleva sus recuerdos, ni regalos de boda, ni fotos, ni siquiera su anillo.
Amanece un día triste, desencantado, la luz brumosa apenas ilumina la estación mientras el conductor se prepara para el viaje. Afuera un hombre grita y ella se tapa los oídos. No más súplicas, ni ruegos, ni amenazas. Cinco años de su vida para desandar, se lo ha prometido a sí misma, los eliminará poco a poco como se borra la tiza de un encerado.
El ruido del motor la sobresalta al tiempo que amortigua los gritos del exterior. Se le han acabado los juramentos y las promesas, ahora empieza con los insultos. Los últimos pasajeros suben al autobús extrañados, preguntándose la causa de aquel escándalo. ¿Debería bajar?