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miércoles, 21 de enero de 2009

Hábitos de salud para vivir cien años



Hábitos de salud para vivir cien años

Carlos Gutiérrez

Un hombre de 84 años escribió sobre hábitos de salud para tener una vida larga y feliz.


Existe un libro cuyo nombre no recuerdo (y espero que me ayuden) y que leí en mis tiempos de universitario, va de un hombre que comenzó a trabajar en Nestle (España) desde recadero hasta llegar a ser el director general. Lo que me dejó impresionado fue ver su foto, con 84 años y parecía de 55. Trataré de recordar algunos de los habitos y espero no inventarme alguno, para que todos los pongamos en práctica:

1.- Tener vida sexual activa.

2.- Tomar vitaminas y antioxidantes.

3.- Tener siempre objetivos y no abandonarlos.

4.- Hacer ejercicio toda la vida. (aquí creo que habla de ejercicios para los ojos y para los músculos de la cara, yo los sigo haciendo y gozo de una salud visual alucinante y no tengo arrugas, son ejercicios con los ojos y con la cara en cualquier momento del día y en donde sea, más de uno me ha visto raro en el metro. Fijen los ojos en el centro y muevanlos hacia la derecha, izquierda, arriba, abajo, circular a favor y en contra de las manillas del reloj. Respecto a la cara, gesticulen todo lo que puedan, cualquier mueca es válida, tratando de usar todos los músculos de la cara).
5.- Una alimentación sana.

6.- ... No me acuerdo!!! Bueno, estimados lectores, ayúdenme a reconstruir esta "laguna mental". Quizá el sexto hábito sea !ejercicios para la memoria!

viernes, 30 de diciembre de 2005

Chocolate dealer







Carlos Gutiérrez (Ganador Certamen La Razón Relatos Verano 2005)





"Escribir bien: meter la serpiente en la botella. Sin matarla". Peter Elbow. La vida es algo así, métele todo cuanto puedas, pero no la revientes... El escritor se gana la vida de lo que sea, mete de todo en ella, casi todo puede convertirse en literatura. Me lo curro de lo que sea para mantener mis escritos mientras logro que éstos me mantengan. Stripper en Brasil, traductor neoyorquino, chocolate dealer en España...
La necesidad te aguza los sentidos, "eres más listo que el hambre". Los españoles lo tienen todo, por eso están embotados: nadie habla bien el español. Todo mundo sabe liarse un canuto...
Obtengo mi visa de estudiante montando proyectos de investigación, ya no soy un sin-papeles cualquiera, los académicos no quieren trabajar.
Consigo curro en "La Revista": comercial. Me vuelvo el líder en pocos meses porque nadie quiere trabajar ni un minuto más. El dueño de "La Revista" vende hachís de muy alta calidad. Él y su ayudante de setenta tacos se meten 15 porros al día. ¿Farlopa? Toda. Si es "ala de mosca" mucho mejor. Frescos como lechugas.
Voy a una fiesta. Se corre el rumor de que puedo conseguir buen chocolate porque trabajo con el Director de "La Revista". Mi último trabajo: en México, traigo chocolate azteca a mis amigos. No confundir con hachís. Se tergiversan las cosas. Yo no sabía que así nombran al hachís.
—Oye, ¿tú tienes chocolate?
—¡Claro!
—¿Cuánto traes?
—Como dos kilos.
—¡Ostia, puta !, ¿Puedes venderme un pelín?
—No mujer, te lo regalo.
—Ni de coña, pásate por casa, invito unas cañas y unos porritos, y me vendes ¿vale?
—Venga.
El mismo malentendido con varios españoles. Lo aclaro. A todos termino vendiéndoles chocolate (hachís); me lo pasa el Director de "La Revista". Me invitan a sus casas; cuando van a por las cervezas a la cocina les pico un pedazo del chocolate y armo otra barra para venderla. Visión empresarial. Todos se quejan de que no hay trabajo, que la situación está jodida; acaban de regresar de la India, Sudamérica, Tailandia... No faltan cervezas, comida, porros, vacaciones. No encuentran trabajo, todos los extranjeros sí. No quieren dar un palo al agua. Los está infectando el virus de la comunidad europea: "eurociosus society".
Casi sin mover un dedo ya tengo más de 20 clientes: 200 euros. El pago de la renta.

Taner

Carlos Gutiérrez
(Finalista Certamen Acumán 2005)
Blanca vive sola, con su perrito “Taner”. Cada vez les cuesta más trabajo a los dos el paseo diario. Ella tiene ochenta años, todo le duele; él es su paliativo. Se necesitan y se ayudan el uno al otro; van juntos a la compra, él espera atento afuera del súper. Su pensión es insuficiente, malviven, pero nada le falta a Taner, que es como su hijo. Blanca cuida las plantas de mi bar a cambio de dos desayunos; “sale una salchicha frita para Taner”, antes la devoraba pero cada vez la acepta menos gustoso. “Tiene cáncer de pulmón, nada podemos hacer, lo siento, Blanca”, dijo el veterinario. Toma su café, mientras acaricia tierna pero sin esperanza a Taner. Ella no me dirige la mirada pero veo todo el dolor en su rostro. Los vecinos la visitamos casi a diario. Taner se hace presente gruñendo, no nos quita su vidriosa mirada de encima, llena de cataratas, “grrr, aquí estoy, cuidado con mi ama”. Es como el clavo enmohecido que, viejo y retorcido, vuelve a ser clavo. “Se acerca el momento” me dice. Lo sabe pero le cuesta aceptarlo. “Mañana iré”. Llega al siguiente día con Taner, “no pude”, explica con la mirada perdida en la taza. Pasa la mano con dulzura por su lomo, él permanece echado, es un saco de huesos, ya ni se inmuta. No acepta que ninguno la acompañemos. Se presenta al siguiente día. Sola, terriblemente sola.