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sábado, 24 de julio de 2010

Lo que el viento se llevó... El montaje de Juanma



Juan Manuel Rodríguez de Sousa ha realizado un magnífico montaje audiovisual sobre la breve guía escrita por Ramón Alcaraz sobre la película LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ.

Muy recomendable. Aquí lo podéis ver y leer:

http://rodriguezdesousa.blogspot.com/2010/07/lo-que-el-viento-se-llevo-por-ramon_21.html

lunes, 13 de julio de 2009

Juan Manuel Rodríguez de Sousa ha sido premiado con un Accésit en el Certamen María Pilar Escalera de Poesía



Caminó la verdad de puntillas

Juan Manuel Rodríguez de Sousa

(Accésit en el Certamen de Poesía María Pilar Escalera)


Indócil se me hace
buscarla
entre mares.

Incertidumbres en el barro
recojo
y no sus simientes
que tanto extraño.

Es infiel a la mentira
feligresa del dolor
y quizás,
de la desdicha

Está
aunque a veces parezca inexistente,
frágil,
intocable.

Fruto raro
quizás pretérito
de un reinado
sin recuerdos.


Feudo
que hallar en viaje
como Odisea
sin Ítaca donde arribar al mundo
las máscaras aguagrises
de los peatones que cruzan por las calles.


Cada vez más lejos
cada segundo menos certera,
éter,
polvo
entre las tierras
revueltas.


Inasible permaneces,
muda,
a veces.

Y si algún día te encontrara
me daría la vuelta
porque dueles.

Y si algún día te viera,
Verdad,
Espero verte caminando de puntillas
sin darme tiempo
a esconder los miedos,
cobarde,
tras las sábanas
embusteras.

Visita el blog del Juanma si quieres felicitarle o comentar la noticia: http://rodriguezdesousa.blogspot.com/

martes, 28 de abril de 2009

Nuestro "niño" se "estrena" justo después del taller de relato erótico



El domingo, cuando regresábamos a Madrid después del taller de relato erótico, recibimos una magnífica noticia: Juan Manuel Rodríguez de Sousa ha obtenido el tercer premio en el Certamen "Preparados, Cuentos, Ya".

Así que nuestro "niño", como le llamamos cariñosamente por ser el desvanero más joven, tras un par de selecciones en certámenes recibe un Premio. !Enhorabuena, Juanma!


El último actor
Juan Manuel Rodríguez de Sousa
(Tercer Premio Certamen de relatos "Preparados, Cuentos, Ya" 2009)

—Escucha, aquel que camina por ahí, ¿no se parece a Dios?
—Pues sí, se da un aire.
—¿Será Él?
—No lo creo, ya murió en la serie.
—¿Qué serie?
—Pues aquella donde era profesor en la Universidad.
—¡Oh! Ya recuerdo.
—¿Y qué asignaturas impartía?
—Pues de todo —sabía de todo— pero sobre todo de agnosticismo. El pobre no tenía muy claro cuál era su papel en el mundo.
—Normal, y ¿cómo murió en la serie?
—Acabó dando clases de ateísmo
— Interesante…
— Sí. Deprimido, buscó en la teoría su muerte, y la llevó a la práctica. <<¡Corten!>>.

Visita el blog del autor: http://rodriguezdesousa.blogspot.com/

miércoles, 25 de marzo de 2009

Por los pelos


Juan Manuel Rodríguez de Sousa

Seleccionado Certamen Algazara 2009



Mirándose al espejo, algo había cambiado para siempre: "¡Hoy mi calva se sublevará¡". Cogió el plan de los amotinados y salió del portal de su casa a las nueve de la mañana: era la hora acordada para cambiar el curso de la Historia. Armados con maquinillas de afeitar, fueron al ayuntamiento; donde resultó fácil localizar a algunos de los calvos infiltrados. Los melenudos no se resistieron y muchos rogaron incorporarse al: "Movimiento por la Calvicie". La policía no pudo impedir que la ciudad fuese tomada. Aunaron esfuerzos para requisar auténticas maquinillas depilatorias y en días las poblaciones cercanas quedaron bajo su poder, hasta el Papado les prometió que no sólo sus monjas serían las calvas en el Vaticano. Al cabo de un año, el mundo entero cayó bajo el nuevo régimen, igualitario. Todo ello gracias al líder que emprendió la sublevación cuando, frente al espejo y un mes antes, sus pelos notaron que el bote de loción anticaída capilar se había terminado.
Blog de Juama Rodríguez de Sousa: http://rodriguezdesousa.blogspot.com/

domingo, 16 de noviembre de 2008

Caramelos de anís

Juan Manuel Rodríguez de Sousa (Ganador ex aqueo
I Premio Relato Erótico El Desván 2008)


Ella cantaba, ella abría sus piernas y sus labios. Decidió nunca morir en la arena de una playa; no obstante, decidió vivir para el amor, siempre. Ella. Bañada en chocolate negro, y con cintas de oro en sus muñecas, y su alto cuello. Él, él siempre allí… Siempre, casi todos los días, el viejo andorreaba por el barrio, en busca del sexo escatológico de la noche. Recorría las paredes rojas, forradas en telilla roja. Sus ojos, negros, se fijaron en sus poros, negros. Ya se conocían. Ella, gastada en el burdel como un mantel y él, usado por la vida. Antes, eran jóvenes. Quizás menos felices, pero eran jóvenes. Él se presentaba cada día, envuelto en anís aroma y con los bolsillos rellenos de caramelos. Caramelos de anís. En su espera, ella ansiaba el sabor de anís, sin embargo por dinero. Si hubiera podido, gratis. Cuando el sexo claudicaba al fin, comenzaba el amor. Durante solo unos minutos él la miró, y ella era ciega. No ver significa sentir más. Y engañarse mutuamente en ciertos menajes. Dime, ¿quieres resbalar tu lengua por mi caramelo de anís? Pues claro, vacíate los pantalones. Se los vaciaba, lentamente y de repente, el olor a su fábrica de anís envolvía la estancia de rojo oscuro. Antes de llegar a ella, él, desnudo completamente, iniciaba el juego. Ya solo quedaba una prenda que quitar: el dorado envoltorio de aquella onza chocolatina con forma de mujer. Ella, ciega, rodeaba sus senos como agitándolos para darle firmeza; mientras, él era entrometida lluvia en la tierra negra de una selva, y su cuerpo se perdía y desfogaba con la repetida acción del deseo carnal. Las paredes retumbaban rojizas.

Un día, llegó triste. Le habían despedido de la fábrica de anís. Ella lloró, pero después del llanto, una sonrisa envolvió su rostro. Estoy vieja, me han dicho que ya no sirvo.

Desde entonces, los dos fueron tierra y agua, se consumieron entre los fluidos bacanales, ultimando sus últimos segundos vitales y gratuitos, que sí concedieron una segunda oportunidad para el amor.

sábado, 30 de agosto de 2008

Nada

Juan Manuel Rodríguez de Sousa
(Finalista Certamen Alcobendas 2008)
Un microrrelato y con alguna referencia a las estrellas; no se me ocurre nada. Es difícil, la contaminación lumínica es un potente adelgazante de soles lejanos. Increíble el ser humano, uno se siente tan pequeño, pero entre todos… ¡Me siento hasta más importante! Pero también me siento en mi sofá sustancial y usado, que se hunde con la inercia de mi enorme peso. Resuelvo encender la caja tonta y la publicidad me golpea sin control ni moral. Encuentro la solución a mis graves problemas: la depresión, la obesidad, la escasez de capital, el desamor; todo ello remediado con eficaces Antidepresivos, Adelgazantes Milagrosos, Préstamos al 0%... Lo tengo decidido, nada de trabajar, nada de locos psicólogos, nada de endocrinos, nada de amigos. Nada.

domingo, 30 de marzo de 2008

El sórdido cante

Juan Manuel Rodríguez de Sousa
(Finalista Certamen Club Abuelos 2008)
El día que atropellaron a mi abuela el cálido viento inundaba el ambiente. El aire recorría los resecos, grasientos rostros de la gente, se colaba por entre las ventanas y los seres perezosos se entretenían respirándolo, sabiendo que sus negros pulmones se quemaban con cada suspiro y cada aliento.
Ese fue el verano en que, a mala hora, mi abuela fue atropellada; con el imperdonable y tórrido sol que alargó los terribles minutos de un perturbado sufrimiento.
La camioneta la arrolló, sin siquiera frenar, sin percibir que segundos antes una vieja cruzaba azarosa el paso de peatones. El conductor, quizás mordido por el remordimiento, desabrochó la cremallera de su bolsillo y sacó el teléfono móvil. Llamó a la ambulancia para avisar de un accidente que había ocurrido, como si fuese un elemento ajeno a él. Tan ajeno e igual a su comportamiento, pues no se paró. Disimuló no percatarse, como si hubiera aplastado una sencilla, miserable y desechable bolsa de plástico. Hasta una rata rabiosa le hubiera llamado más la atención. Pero mi abuela, semejante a muchas otras, era a veces tan invisible, tan fantasmal con aquel oscuro vestido de luto, mientras caminaba por el barrio, obnubilada en sus tristes pensamientos. En otros años, sin embargo, se la vio coger fuerte de la mano a su hijo Francisco, orgullosa y embadurnada con un enigmático áurea de mujer fabulosa. Eso me dijeron. Después dejó de sentir, de existir para los demás, incluso dejó de vivir para ella misma. Jamás volvió a ser feliz.

Lejos, se escuchaba la sirena de la ambulancia, cada vez más cercana con su eco sórdido rebotando en los grisáceos muros de los edificios.
Mi abuela quedó tendida en el asfalto ardiente, chillaba de dolor. Su cabellera de plata pegada al suelo negro resaltaba como una estrella bajo el cielo oscuro de una noche estival. Un hilo de rubíes teñía su rostro arrugado, la sangre le resbalaba conducida por los profundos y viejos canales de su frente. No había nadie, era la hora de la siesta y todos dormían placidos, agradeciendo el sueño en el verano infernal ante los baratos ventiladores. La ambulancia estaba cerca, unos segundos más y podrían intentar reanimarla, salvarla para comenzar el inicio de su última etapa en la tierra de los vivos.

Gritó pero nadie la oyó, nadie excepto las chicharras que entonaban su sórdido cante. Vieron a un ángel pasar entre las calles, al fantasma que nadie osaba mirar y que ahora sin vida parecía importarles a todos. Los médicos corrían, frenéticos y ordenados a un tiempo, pero no consiguieron ni tan siquiera rozarla cuando mi abuela expiró su último aliento. Ahora, muerta en el asfalto, y ante los ojos cegados de los demás, su velo negro e invisible quedó chamuscado por el sol estival. Eran las cuatro y cuarto de la tarde, las chicharras olieron la sangre, cesaron sus gritos. Sucumbió el cante.