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jueves, 18 de febrero de 2010

Belén Solesio ha sido finalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

Nervios
Belén Solesio López-Bosch
Dí una calada compulsiva al cigarrillo, recordando que había marcado el día siguiente para dejar de fumar. El cenicero, rebosante a las diez de la mañana, reflejaba mi acopio de nicotina para los tiempos difíciles. Al dar el último sorbo a la tercera taza del día, pensé en renunciar también al café. La botella de whisky parecía llamarme desde el mueble bar. ¿Por qué no abandonar además el alcohol? Mañana sería el primer día del año. ¿Qué mejor momento para empezar? Estos pensamientos se agolpaban en mi mente mientras golpeaba nerviosamente el lápiz contra el papel. Como siempre que trato de concentrarme, noté que empezaba a temblarme el párpado izquierdo. Eché un vistazo a mi agenda: entregar de una vez el informe a mi jefe, hablar con mi exmujer sobre las vacaciones de Navidad de los niños, comprar un regalo por su cumpleaños a mi novia, llamar a mi madre. El tacón de mi bota comenzó a golpear rítmicamente el suelo dotado de vida propia. Me levanté, me serví otra taza de café, le eché un buen chorro de whisky y encendí otro cigarro. Quizá sería mejor dejar los buenos propósitos para las vacaciones de verano.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Belén Solesio ha sido finalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

Bucle infinito
Belén Solesio López Bosch
Es temprano, la temperatura ha descendido bruscamente. El otoño sabe a nieve. Llevo a mis hijas al colegio, caminamos entre risas dando nombres nuevos a las cosas. La pequeña y a la mayor se cuelgan de mi mano, la mediana va unos pasos adelantada presumiendo de independencia. Cruzamos el paso de cebra, saludamos a la madre de una amiga que detiene su mono-volumen para dejarnos pasar. Jugamos a pisar una raya blanca, otra raya blanca, otra... Viene una moto a toda velocidad. No se detiene.
Es temprano, la temperatura ha descendido bruscamente. El otoño sabe a nieve. Llevo a mis hijas al colegio, caminamos entre risas dando nombres nuevos a las cosas. La pequeña y a la mayor se cuelgan de mi mano, la mediana va unos pasos adelantada presumiendo de independencia. Cruzamos el paso de cebra, saludamos a la madre de una amiga que detiene su mono-volumen para dejarnos pasar. Jugamos a pisar una raya blanca, otra raya blanca, otra... Viene una moto a toda velocidad. No se detiene. Es temprano, la temperatura ha descendido bruscamente. El otoño sabe a nieve. Llevo a mis hijas al colegio, caminamos entre risas...

martes, 16 de febrero de 2010

Felisa Moreno Ortega ha sido semifinalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

La semilla del amor
Felisa Moreno Ortega

He encontrado un motivo para amarte. Es pequeño y débil, pero estoy segura de que si lo cuido con esmero crecerá y dará frutos. Todos insistían en que me deshiciera de ti, sólo será una carga, me repetían mis amigas, mis padres, los sicólogos… Lo pensé, es cierto, y ahora me avergüenzo de contártelo pero quiero que nuestra relación sea sincera desde un primer momento. Tendré que decirte también lo de tu padre. Eso me costará un poco más, aún me duele el recuerdo. Los recuerdos lastiman, ¿lo sabías? Es un dolor agudo, que se clava en el alma y seca la boca, como si te la llenaran de tierra. Duelen más que el daño que me hizo en el cuerpo, ese se curó. Las heridas cerraron, ya no queda nada, sólo tú. Ahora que lo pienso, tú eres un recuerdo; sin embargo, cuando pienso en ti, no me duele, sólo me hacen cosquillas las patadas que me das en la barriga. Creo que no, que no te contaré nada, no mereces vivir con el peso de mis recuerdos.

domingo, 14 de febrero de 2010

Rubén Gozalo ha sido finalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

Rapidez
Rubén Gozalo

En apenas unas milésimas supe que Raquel era el gran amor de mi vida. Veintinueve centésimas más tarde, ya estábamos besándonos. A los tres minutos nos acostamos. A los cinco tuvo su primer orgasmo. A los seis minutos le pedí matrimonio. Me dijo sí, tres centésimas más tarde. A las cuarenta y ocho horas nos casamos en Las Vegas. El cura nos avió en tres minutos. Al mes ya esperábamos a nuestro primer hijo. A los tres meses, la criaturita empezó a dar patadas en la tripa a su madre. Sería futbolista. Al cabo de medio año llegó Álvaro de forma prematura. A los seis meses y un día empezamos a tirarnos los trastos a la cabeza. Tan solo empleamos dos minutos en separarnos. Por la rapidez, en el juzgado, lo denominaron divorcio express.

sábado, 13 de febrero de 2010

Rubén Gozalo ha sido semifinalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

Incomunicación

Rubén Gozalo
Los Díaz llevaban más de treinta años juntos. Muchas personas en la calle les preguntaban en qué se basaba el éxito de su matrimonio. Sin embargo, ninguno de los dos supo responder.

Cada noche dormían juntos. Ella hablaba sin parar, con una voz de pito, en el lado izquierdo de la cama. Mencionaba los problemas surgidos durante la jornada laboral, los cotilleos del barrio y los jocosos comentarios de algunas de sus amistades. Por contra, él se ponía los tapones y dormía como un niño.

lunes, 8 de febrero de 2010

Rubén Gozalo ha sido semifinalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

Suicida
Rubén Gozalo

Aquel tipo se iba a suicidar. Subió las escaleras del portal, abrió la puerta que daba acceso a la azotea y se sentó junto a la cornisa. Era de noche. A lo lejos se veía el mar de luces de la ciudad. Miró hacia abajo y no vio a nadie en las calles. Incrédulo, se puso a gritar:
—¡Que me tiro! —soltó.
El eco proyectó con más fuerza si cabe sus palabras. Aun así, no hubo respuesta a su alarido. Volvió a repetir su ritual tres veces más. Hasta que una voz de un edificio próximo reverberó en la noche.
—¡Pues tírate de una puta vez y deja dormir a los vecinos!
El suicida abrió la puerta de acceso a la azotea, bajó las escaleras y salió del portal. En su mente rondaba una idea. No tenía gracia saltar; al menos, sin público.

jueves, 4 de febrero de 2010

Rubén Gozalo ha sido semifinalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

El cisne
Rubén Gozalo
Era el patito feo de la empresa. Las chicas nunca se sentían atraídas por mí. En el ascensor podía vislumbrar el peso del rechazo en sus miradas. Me observaban de reojo, como si fuese Frankenstein o un freak de La parada de los monstruos. A veces, pensaba en que si me convirtiera en el último hombre sobre la faz de la tierra dudaba de que alguna quisiese entablar una relación conmigo. Me sentía igual que un estropajo, un desecho humano, un kleneex de usar y tirar. Para que se hagan una idea, yo era el niño a quien nunca elegirían en el patio del recreo para jugar al fútbol o al que las madres jamás desearían como yerno de sus hijas. Sin embargo, desde hace unas semanas algo ha cambiado. No sé si es el peinado, la ropa italiana de diseño o el desodorante. Lo cierto es que todas anhelan estar junto a mí, se mueren por casarse, tener un hijo, una casa o un yate en la Costa del Sol. Yo lo achaco a mi encanto. Mi hermano dice que todo se debe a que me ha tocado el gordo de la lotería primitiva. ¡Qué ingenuo!

miércoles, 3 de febrero de 2010

Felisa Moreno Ortega ha sido semifinalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

Hacerse el muerto
Felisa Moreno Ortega

Me gusta hacerme el muerto. Cruzar los brazos sobre el pecho y poner una pierna sobre otra, quedarme quieto, inmóvil. Acompasar los latidos de mi corazón a una respiración lenta y tenue. Imagino lo que harían los dos si me descubrieran en este preciso instante, cesarían en la pelea, me mirarían atónitos y pensarían, ya está, se ha muerto el viejo. Ella dejaría escapar una lágrima hipócrita, él me acercaría un espejo a la boca para asegurarse de que mis pulmones ya no respiran, mi sobrino siempre ha sido muy práctico. Después organizarían el entierro, el más barato, un ataúd de pino y una corona de margaritas blancas. Me gusta pasarme por la funeraria de vez en cuando y mirar el precio de los funerales de saldo. Pero lo que más me gusta, con lo que más disfruto, es cuando imagino sus caras de comadrejas leyendo el testamento, no saben que he cambiado el que firmé delante de ellos, donde les cedía todos mis bienes a cambio de que me cuidaran el resto de mi vida. De eso hace más de veinte años y todavía, a pesar de mi postura, no me he muerto…, ni tengo intención de hacerlo.

martes, 2 de febrero de 2010

Rubén Gozalo ha sido semifinalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

Cosas de hospitales
Rubén Gozalo
Me desperté con la voz de la enfermera. Me sentía extraño, diferente, aturdido por la anestesia. El médico se acercó a mi cama.
—La operación ha ido un éxito. En una semana estará de nuevo en domicilio.
—¡Gracias, doctor! Me alegro de que me quitasen ese grano tan molesto que tenía en el culo.
—¿Grano?—preguntó.
—Sí, un pequeño quiste en el trasero —dije—. Es más, ahora que lo recuerdo, mi médico de cabecera me comentó que iba a ser cirugía sin ingreso.
—¡Pues el informe del auxiliar administrativo que estaba sobre su cama decía otra cosa!
—¿Y qué me han hecho?
—Le hemos amputado las piernas.
—¡No joda!

lunes, 1 de febrero de 2010

Belén Solesio ha sido semifinalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

Fatídica obsesión
Belén Solesio López-Bosch

Estaba loco por esa mujer. ¡Qué morbo me daba verla llevar a sus críos al colegio por la mañana, con su chandal rosa bien ceñido! Yo hacía la ronda todos los días a la misma hora por su barrio. Ella se daba cuenta y me ponía caritas; pero cuando trataba de entrarla se hacía la dura, ¡la muy perra!
Cambié de táctica. Dejé de ser el poli bueno y empecé a acosarla. Que su chaval tiraba al suelo el papel de un caramelo. Multa. Que pisaba dos centímetros del paso de cebra al aparcar. Multa. Ella se encontraba en mi jurisdicción y ahí, a pesar de tener dos denuncias por malversación, yo era el puto amo.
No conté con el mafias de su marido. Me descerrajó dos tiros, convirtiéndome en un espectro patético. Ya sólo me queda tratar de asustarla por las noches; aunque más que miedo, doy risa.

domingo, 31 de enero de 2010

Felisa Moreno Ortega ha sido semifinalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

Al atardecer
Felisa Moreno Ortega

Al atardecer, cuando el sol abrasa el horizonte, la niña camina despacio hasta la fuente. Con gesto cansado llena la vasija, en los labios se le ha muerto una canción de cuna, apenas tiene siete años. Sin resuello llega a la choza, vacía el contenido del recipiente en un tonel y espera unos minutos para recuperar el aliento y reemprender el inexorable camino.
Al atardecer, cuando el sol juega al escondite con los edificios, la niña abre la nevera, saca un zumo multivitamínico y conecta la video consola, olvida las tibias protestas de su madre recordándole que tiene que hacer los deberes y se dedica por completo a destruir marcianos.
Al atardecer, al atardecer… ¿Quién dijo que todos los atardeceres eran iguales?

Blog de Felisa: http://felisamorenoortega.blogspot.com/

sábado, 30 de enero de 2010

Rubén Gozalo ha sido semifinalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

Afortunado
Rubén Gozalo

— ¡Éste es mi último discurso! Quería despedirme de todos ustedes teniendo un detalle con mis familiares y amigos. A mi esposa. Por ser tan estupenda y mantener relaciones sexuales con mi mejor amigo. ¡Zorra! Soy carnudo, no idiota. A mis hijos. Que sepáis que jamás volveréis a ver un céntimo. He dejado las cuentas a cero. A mi jefe. Lamento haberme reído a sus espaldas y habérmelo montado con su hija en el despacho. ¡Ah y con la ninfómana de su esposa… ni le cuento! A mi vecino. ¡Que fui yo, Luisma, quien te robó las palomas de la finca! ¡No veas lo buenas que estaban las condenadas a la parrilla! A José. Yo te quemé el coche, capullo. Si en el fondo soy afortunado de estar aquí, porque si salgo fuera de esta sala, ésos que miran desde el otro lado del cristal con ojos de asesinos seguro que me degüellan. Proceda con la descarga —dije, sentado en la silla eléctrica.

sábado, 2 de enero de 2010

José Manuel Aparicio ha sido semifinalista con dos relatos del certamen Fergutson de microrrelatos 2009


Relatos semifinalistas de José Manuel Aparicio en el Certamen Fergutson de Microrrelato:
Seres Perfectos

Apretaba las mandíbulas, gallardo, al mirarse al espejo cada mañana. Pelo engominado, camisa ajustada que remarca sus músculos, sonrisa blanca. Luego marcha al trabajo. Paso decidido, gafas de sol a la última. Se cruza con otros chulescos y se produce un encuentro de miradas puntiagudas como aceros, a ver quién es más duro e indestructible. Mascar de chicle enérgico, exagerado. Llega a un semáforo, rojo para peatones. Pasa sin mirar. Chirrido de frenos, chillido de transeúntes, chasquido de huesos, carne rasgada, zapatos volantes, chof de sangre que impregna las ruedas del camión. Después de todo, no era tan perfecto como él creía.

El amor de Juanito
Amaba la electricidad. Desde muy pequeño Juanito había jugado con linternas, radios, enchufes y todo aparato que se sirviese de ella para funcionar. Como no podía ser de otra manera se hizo electricista. Era muy bueno, capaz de repararlo todo. Pero un día tuvo que realizar el arreglo más difícil de su vida en un equipo realmente avanzado. Pasaron meses hasta lograrlo, y la factura resultó desorbitada. El cliente, montado en cólera, no quiso pagarle. Juanito, que era propenso a la ira, lo estranguló. Le detuvo la policía y el juicio fue rápido: “Pena de muerte”, sentenció el juez. La ejecución fue un año más tarde. Juanito había sido condenado a la silla eléctrica. ¿Quién se lo iba a decir? Hay amores que matan…

Blog de José Manuel:

miércoles, 23 de diciembre de 2009

José Manuel Aparicio, semifinalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

Seres Perfectos

José Manuel Aparicio

(Relato semifinalista del Certamen Fergutson de Microrrelatos 2009)

Apretaba las mandíbulas, gallardo, al mirarse al espejo cada mañana. Pelo engominado, camisa ajustada que remarca sus músculos, sonrisa blanca. Luego marcha al trabajo. Paso decidido, gafas de sol a la última. Se cruza con otros chulescos y se produce un encuentro de miradas puntiagudas como aceros, a ver quién es más duro e indestructible. Mascar de chicle enérgico, exagerado. Llega a un semáforo, rojo para peatones. Pasa sin mirar. Chirrido de frenos, chillido de transeúntes, chasquido de huesos, carne rasgada, zapatos volantes, chof de sangre que impregna las ruedas del camión. Después de todo, no era tan perfecto como él creía.

martes, 22 de diciembre de 2009

Lola Sánchez Lázaro ha sido semifinalista con tres relatos del certamen Fergutson de microrelatos 2009


Relatos semifinalistas de Lola Sánchez Lázaro en el Certamen Fergutson de Microrrelato:


Viaje sin retorno

Desde el dolor. Ese que se cuela sin permiso. Que te coge por sorpresa y te vacía en un momento, anulándote.
Desde la rabia. Que aparece después, con preguntas sin respuesta.
Y desde la tranquilidad que me recorre al enterarme de su muerte.”Asesinan a tiros a un joven de veintisiete años”, rezan los titulares.
Y mienten. Su vida acabó mucho antes, cuando esa intrusa, de nombre droga, vestida de sofisticación y encanto entró en su vida. Le encandiló, le hizo sentirse eufórico, para después encadenarle y guardar la llave, atrapándole entre sus redes, como a un pequeño pez.
Sus escasos ingresos no le permitían acceder a ella, y fue endeudándose con personajes poco recomendables.
Hasta hoy, que mirando el cuerpo tendido de mi hijo en una camilla del depósito, de esas tan acostumbradas al dolor ajeno, respiro pensando que se ha liberado.
Los tres disparos recibidos por el cuerpo ya agujereado de mi hijo, le regalaron un viaje sin retorno. A mí, me han convertido en un alma enlutada.


Como tantas otras veces

La comida transcurría en un hosco silencio, sólo roto por nerviosas risas infantiles. El padre, envuelto en una creciente agresividad, miraba a los niños sin verles, concentrándose en la madre. Ésta, que barruntaba la tormenta, se levantó para recoger la mesa tan rápido, que dos copas acabaron estrelladas contra el suelo. Sus manos temblorosas fueron esa vez la disculpa para el inicio de la violencia. Cualquier excusa era válida.Como tantas otras veces.Dio un puñetazo en la mesa y se acercó amenazante hacia ella. La mujer, ya sin lágrimas hacía tiempo, agachó la cabeza.Como tantas otras veces.Suplicante le rogó que bajara la voz, los niños estaban delante. Arropado por el calor del vino ingerido, la abofeteó. Por primera vez.Hoy, cinco años después, dos niños velan el cadáver de su madre.Como tantas otras veces.


Desde entonces

Hace ya dos años que se fue. Después de treinta de convivencia, se marchó sin despedirse.
Desde entonces, paseo por el ayer anhelando su presencia. Siento su risa flotar; veo su rostro, tallado por la edad, suspendido en el aire.
Me invade el olor del tiempo pasado, ese que no regresara. Ese que se rompió en la cuneta de una carretera.

Lola Sánchez Lázaro, semifinalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

Desde entonces

Lola Sánchez Lázaro

(Relato semifinalista del Certamen Fergutson de Microrrelatos 2009)

Hace ya dos años que se fue. Después de treinta de convivencia, se marchó sin despedirse.
Desde entonces, paseo por el ayer anhelando su presencia. Siento su risa flotar; veo su rostro, tallado por la edad, suspendido en el aire.
Me invade el olor del tiempo pasado, ese que no regresara. Ese que se rompió en la cuneta de una carretera.

Lola Sánchez Lázaro, semifinalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

Como tantas otras veces
Lola Sánchez-Lázaro
(Relato semifinalista del Certamen Fergutson de Microrrelatos 2009)

La comida transcurría en un hosco silencio, sólo roto por nerviosas risas infantiles. El padre, envuelto en una creciente agresividad, miraba a los niños sin verles, concentrándose en la madre. Ésta, que barruntaba la tormenta, se levantó para recoger la mesa tan rápido, que dos copas acabaron estrelladas contra el suelo. Sus manos temblorosas fueron esa vez la disculpa para el inicio de la violencia. Cualquier excusa era válida.
Como tantas otras veces.
Dio un puñetazo en la mesa y se acercó amenazante hacia ella. La mujer, ya sin lágrimas hacía tiempo, agachó la cabeza.
Como tantas otras veces.
Suplicante le rogó que bajara la voz, los niños estaban delante. Arropado por el calor del vino ingerido, la abofeteó. Por primera vez.
Hoy, cinco años después, dos niños velan el cadáver de su madre.
Como tantas otras veces.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Susana Corroto ha sido semifinalista con tres relatos del certamen Fergutson de microrrelatos 2009


Relatos semifinalistas de Susana Corroto en el Certamen Fergutson de Microrrelato:


Perseguido

Le perseguían enloquecidas por calles, plazas y parques. Corrían tras él gritando, las bocas desencajadas, muy abiertas; los ojos fuera de las órbitas, las manos al frente, extendidas, en un intento desesperado y ansioso por atraparle y, quizás, engullirle. Casi tan veloces como él parecían no rendirse nunca, seguras de que era sólo cuestión de un poco más de tiempo. Y lo era. Doblaron una esquina y se adentraron en un callejón oscuro. Él resbaló y cayó de bruces sobre el adoquinado húmedo. Todo estaba ya perdido. Cuando le dieron alcance, se precipitaron sobre él. Le estrujaron y pisotearon. Le tiraron de los pelos. Le mordieron, golpearon, aplastaron su cabeza. Zarandearon su cuerpo y gritaron con todas sus fuerzas dentro de sus oídos. Cuando ya no se movía, una de ellas profirió indignada: -Pero, ¡¿qué es lo que le pasa?!Las demás, aún jadeantes, se separaron de él, le miraron con desprecio,desdeñosas, y antes de dar media vuelta, otra exclamó:-Bah… Menuda decepción…. Con lo simpático que parecía en la tele…


El veraneo de Kalim

Kalim pasa el verano en la playa. Camina hechizado por el abanico de sonrisas, chapoteos y juegos de niños que a su alrededor se despliega. Un plataforma azul flota sobre el mar inmenso. Tiene un tobogán y dos escalerillas. Sueña que se desprende de la camiseta que lleva pegada al cuerpo y se lanza al fresco azul para nadar libre hasta ella y que pasa la mañana subiendo y bajando feliz por esas escaleras, lanzándose al agua sin cesar, como el resto de chiquillería. Risas, zambullidas, sombrillas de colores, juguetes hinchables y castillos de arena… Kalim adora la playa. Sonríe y sigue soñando. “¡Chico! Aquí tienes”, exclama la señora del sombrerito de paja. “¡Chico!”, vuelve a gritar, y el sonido de su voz desgarra la burbuja que flota sobre su cabeza, rompiéndola en gotitas de ilusión que se estrellan en la arena. Kalim toma el billete que le tiende la señora y le entrega el vestidito elegido. Recoge del suelo el fardo, se lo vuelve a cargar a la espalda y continúa su caminar lento, gritando “¡Barato! ¡Vestido barato!”, mientras su mirada infantil se pierde, como cada año, en el veraneo ajeno y en la fantasía, quizás, de uno propio.


Los Monstruos sí existen

Mamá dice que no existen los monstruos, pero yo sé que es mentira porque hay uno viviendo en casa. Le escucho cada noche. Cómo ruge, furioso, al otro lado de la pared de mi cuarto. Golpea los muebles, rompe cristales y tira cosas al suelo. Sé que mamá me miente para que no tenga miedo. Yo lo intento, de veras, intento con todas mis fuerzas ser valiente. Dejar de temblar. Salir del rincón que hay entre el armario y mi cama para enfrentarme con él, como harían los súper héroes de mis tebeos, plantarle cara, derrotarle y echarle de nuestra casa. Pero cuando comienzan los gritos, los portazos y siento retumbar el suelo, soy incapaz de moverme. Me quedo paralizado, mis piernas no responden y me siento el más cobarde de los hombres. Porque yo ya soy un hombre, aunque mamá se empeñe en engañarme diciendo que no existen los monstruos y yo haga como que la creo y no hubiera visto sus ojos enrojecidos o los morados que por las mañanas tiene en los brazos o, a veces, en las mejillas. Yo sé toda la verdad. Sé que se lo ha hecho él: el monstruo que vive en casa.

Visita el blog de Susana: http://palabrasmagicasdesusana.blogspot.com/

Susana Corroto, semifinalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

El veraneo de Kalim

Susana Corroto

(Relato semifinalista del Certamen Fergutson de Microrrelatos 2009)

Kalim pasa el verano en la playa. Camina hechizado por el abanico de sonrisas, chapoteos y juegos de niños que a su alrededor se despliega. Un plataforma azul flota sobre el mar inmenso. Tiene un tobogán y dos escalerillas. Sueña que se desprende de la camiseta que lleva pegada al cuerpo y se lanza al fresco azul para nadar libre hasta ella y que pasa la mañana subiendo y bajando feliz por esas escaleras, lanzándose al agua sin cesar, como el resto de chiquillería. Risas, zambullidas, sombrillas de colores, juguetes hinchables y castillos de arena… Kalim adora la playa. Sonríe y sigue soñando. “¡Chico! Aquí tienes”, exclama la señora del sombrerito de paja. “¡Chico!”, vuelve a gritar, y el sonido de su voz desgarra la burbuja que flota sobre su cabeza, rompiéndola en gotitas de ilusión que se estrellan en la arena. Kalim toma el billete que le tiende la señora y le entrega el vestidito elegido. Recoge del suelo el fardo, se lo vuelve a cargar a la espalda y continúa su caminar lento, gritando “¡Barato! ¡Vestido barato!”, mientras su mirada infantil se pierde, como cada año, en el veraneo ajeno y en la fantasía, quizás, de uno propio.

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Susana Corroto, semifinalista del certamen Fergutson de microrrelatos 2009

Los monstruos sí existen
Susana Corroto
(Relato semifinalista del Certamen Fergutson de Microrrelatos 2009)
Mamá dice que no existen los monstruos, pero yo sé que es mentira porque hay uno viviendo en casa. Le escucho cada noche. Cómo ruge, furioso, al otro lado de la pared de mi cuarto. Golpea los muebles, rompe cristales y tira cosas al suelo. Sé que mamá me miente para que no tenga miedo. Yo lo intento, de veras, intento con todas mis fuerzas ser valiente. Dejar de temblar. Salir del rincón que hay entre el armario y mi cama para enfrentarme con él, como harían los súper héroes de mis tebeos, plantarle cara, derrotarle y echarle de nuestra casa. Pero cuando comienzan los gritos, los portazos y siento retumbar el suelo, soy incapaz de moverme. Me quedo paralizado, mis piernas no responden y me siento el más cobarde de los hombres. Porque yo ya soy un hombre, aunque mamá se empeñe en engañarme diciendo que no existen los monstruos y yo haga como que la creo y no hubiera visto sus ojos enrojecidos o los morados que por las mañanas tiene en los brazos o, a veces, en las mejillas. Yo sé toda la verdad. Sé que se lo ha hecho él: el monstruo que vive en casa.

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