viernes, 30 de diciembre de 2005

María

Paco Piquer Vento (Finalista Certamen Acumán 2005)
A veces envidio a mi vecino cuando, desde mi ventana, la contemplo oculto como un voyeur. A medida que transcurren los días, Maria crece, convirtiéndose en una adulta apetecible y sus formas, su estatura proporcionada y su color sano provocan en mí una sensación de deseo casi obsceno. Observo como mi vecino se desvive por ella y como la protege y como le facilita sus necesidades para que sea feliz y, en algunas ocasiones, imagino deseos casi incestuosos en los mimos con que la prodiga: resguardándola del viento de marzo, de las caprichosas lluvias de la primavera o del excesivo sol del verano. Las noches se convierten en agitados sueños en los que participo, incorporándome a la ceremonia del pecado en las caricias que inundan la casa vecina, donde el amante prohibido quiere comprobar con la punta de sus dedos la tersura de la piel de su adorada. Y despierto, sudoroso e impaciente, en el amanecer que se resiste a llegar, para recrearme con su belleza desnuda en los primeros grises del alba. Y desespero al pensar que no llegará al próximo otoño, pues su destino está ya marcado. Y un día, después de haberme asombrado con su plenitud, desaparecerá para siempre de mi vida y al cabo de un tiempo la reconoceré convertida en una fumata blanca anunciadora de placeres efímeros, elevándose hacia el cielo azul, mientras mi vecino me saluda con los ojos algo más entornados que de costumbre.

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